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Activismo corporativo y democracia

Debemos entender el activismo corporativo como una visión estratégica y no como una táctica oportunista que impulse únicamente la notoriedad.

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septiembre 27 de 2022
2022-09-26 10:07 p. m.
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En el marco de la reciente conmemoración global del Día de la Democracia, es preciso resaltar cómo la protección de la democracia es algo más que una cuestión política. La defensa de la igualdad, como base fundamental de una sociedad democrática, no está adscrita únicamente al rol de los Estados.

Cada vez son más las compañías que se posicionan a favor o en contra de asuntos sociales o políticos haciendo de su voz un escenario de amplificación de necesidades frente a problemas comunes que siguen poniendo en vilo la credibilidad de las democracias en el mundo.

El activismo corporativo ha tenido un rol protagónico en los últimos años no solo por su vocación de vincularse a causas que atienden directamente los terrenos de sociedades democráticas sino porque se ha convertido en un mecanismo de actuación real y de gran convicción para las empresas.

Un ejemplo es lo ocurrido en el marco de la guerra en Ucrania. De las 100 mejores marcas globales listadas por Interbrand, sólo 10 de ellas dejaron de pronunciarse de forma notoria en favor de restricciones o sanciones dirigidas al mercado ruso en su operativa convencional, implicando decisiones de negocio como cierres de operaciones en Rusia.

El activismo corporativo no sólo está en grandes presupuestos de mercadeo y acciones individuales sobre alguna causa. Desde hace algunos años el lobbying for good, término ampliamente abordado por Paul and Phillip Monaghan, hace del cabildeo corporativo una vertiente del activismo como mecanismo de promoción de políticas públicas sostenibles en beneficio del cambio social equitativo e igualitario.

Es una nueva dimensión de la gestión de la influencia que tiene todos los ingredientes para convertirse en un área relevante para la construcción de confianza.

La vinculación de las empresas para la garantía de sociedades democráticamente sólidas no es un asunto altruista, se trata también de generar con contexto promisorio en el que se garantice la sostenibilidad de largo plazo de las organizaciones. Debemos entender el activismo corporativo como una visión estratégica y no como una táctica oportunista que impulse únicamente la notoriedad. De esta manera, el activismo no puede contemplarse desconectado del modelo de gobernanza de la empresa y del contexto político, económico y social en el que se encuentra.

El desafío no es menor. Pero el rol de las organizaciones al servicio de la construcción de sociedades más equitativas e igualitarias ya ha dejado de ser una opción únicamente para grandes compañías en el mundo. Hace parte de la forma de actuación de las organizaciones en un contexto en el que se demanda más de ellas y en el que la escucha activa y anticipada de la voz de la sociedad permitirá hacer del activismo una punta de lanza para la construcción de confianza entre empresas, organizaciones, gobierno y sociedad civil.

María Esteve
Social y directora LLYC Región Andina

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