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¿Qué le pasa a la economía colombiana?

Es hora de salir a jugarnos la partida en las regiones y hacer las inversiones que transformen la productividad en el país.

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diciembre 19 de 2018
2018-12-19 09:45 p.m.
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Llevamos ya varios años de bajo crecimiento, causado inicialmente por la caída de los precios del petróleo, pero exacerbado por un fuerte fenómeno de ‘El Niño’, varios paros en diferentes sectores, tres reformas tributarias (2014, 2016 y la recién aprobada Ley de Financiamiento), entre otros factores. A ello, el Banco de la República ha respondido reduciendo las tasas de interés hasta el 4,25 por ciento. Las tasas de crédito han acompañado su rumbo, especialmente las del crédito comercial. Pero la economía no arranca, trata de dar señales y rápidamente agacha la cabeza.

En este proceso, vemos una inversión estancada, en buena medida, porque los empresarios observan una demanda aún débil y con la capacidad instalada actual alcanzan, sin mayores afujías, a responder en producción, de ser necesario. Por ello, la cartera comercial crece a un anémico 2 por ciento nominal. Sin embargo, hemos observado algo de mejora en el consumo de los hogares. Haciendo una inspección más detallada de esta cifra, alcanzamos a identificar que un alto porcentaje de la aceleración del crecimiento del consumo proviene de bienes durables, la mayoría de carácter importado, por lo que no es de extrañar que se comience a observar un deterioro en la cuenta corriente, o al menos un freno en las mejoras que se habían observado en los últimos años.

Surge, entonces, la duda ¿cómo vamos a salir de esta? Pues las menores tasas parecen motivar el crédito de hogares para compra de importados, que no genera PIB, pero puede terminar ampliando el déficit en cuenta corriente, lo que no sería una señal muy positiva para inversionistas o calificadoras. Pero no han logrado activar la inversión, que es la variable que requerimos reaccione. Por otra parte, tenemos unas cuentas fiscales complicadas, con la necesidad de mayor austeridad o mejora en ingresos para cumplir con la regla fiscal, lo que, en principio, en el corto plazo debe ser contractiva. Finalmente, el mundo parece estar iniciando su ciclo de desaceleración, por lo que poco podemos confiar en que las compras externas mejoren y ello nos permita darle impulso a la economía.

Quizás la respuesta está en lo obvio. Necesitamos un empujón y que este sea fiscal, pero ojalá uno que no nos implique poner en riesgo la calificación, o la entrada de inversionistas. Por eso es imperante que el Gobierno, tanto nacional como regionales, enfilen toda su capacidad de gestión para, de una vez por todas, ser capaces de ejecutar los recursos de regalías. Hoy, tenemos un presupuesto de 24 billones de pesos para los siguientes dos años en regalías. A lo que se suman 6 billones adicionales que no se han ejecutado de vigencias previas, lo que nos permite tener el presupuesto de regalías más amplio en la historia de este país. Si logramos ejecutar dos terceras partes de este presupuesto en proyectos productivos regionales en el 2019, seguramente se activa la demanda interna y con ello podemos salir de este ciclo de estancamiento con bajo crecimiento y poca dinámica.

Hoy parecemos corriendo una maratón en una cinta caminadora. Es hora de salir a jugarnos la partida en las regiones y hacer las inversiones que transformen la productividad en este país y que nos permitan encender motores para dejar de patinar en torno al 2 por ciento de crecimiento. Lo único cierto es que no podemos esperar un resultado diferente si seguimos haciendo lo mismo.

Alejandro Reyes
Economista principal de BBVA Research Colombia

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