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Biden y China, eje de la política exterior

El éxito de ganar la competencia económica y geopolítica con China será una de las barras con la que será medida la política exterior de Biden.

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noviembre 26 de 2020
2020-11-26 07:45 p. m.
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China se ha convertido en la competencia central para los EE. UU., en aspectos geopolíticos, tecnológicos y económicos. Los presidentes anteriores a Trump buscaron una política de cooperación con la potencia del oriente, a través de su integración a la economía global y persuadir a sus dirigentes de aceptar las reglas de libre comercio y de una apertura democrática.

Dado el fracaso de esa estrategia, Trump cambió la política de forma radical. El antagonismo con China fue parte central de su política exterior, y sobretodo a través de la “guerra comercial” y las sanciones, intentó debilitar a la República Popular como superpotencia económica y política. Esa estrategia tampoco parece haber dado frutos, y más aún, implicó una pérdida económica para muchas empresas americanas.

China, y en eso coinciden los dos partidos políticos en los EE. UU. y los países europeos, es una amenaza para el orden global. No cabe duda, que ha logrado fortalecer su posición, irrespetando las reglas de juego del comercio internacional, principalmente a través del dumping y de contravenir las normas de propiedad intelectual. A esto se suma una política interior más autoritaria, excluyente, y sin la más mínima protección a los derechos laborales.

La nueva administración americana podrá contar con el apoyo del Congreso para centrar su política exterior en como combatir el reto que impone China. En ese contexto, Biden y su designado Secretario de Estado, Antony Blinken, no podrán ni regresar a la visión simplista de los presidentes antes de Trump, ni cometer los errores de su predecesor. Lo que parece ser la estrategia, es buscar alianzas con Japón, las potencias europeas, y países de la zona del pacífico. Estas alianzas buscarán limitar el uso de tecnología china, impondrán sanciones de manera conjunta, y requerirán condiciones de respeto por los Derechos Humanos y por las reglas del comercio internacional como base de sus inversiones en el exterior. El propósito último será aislar a China.

Esta nueva política exterior estará basada en no imponer posiciones de manera unilateral, y sin cooperar con los principales aliados. Tampoco será volver a creer en una China que está dispuesta a someterse a las condiciones de un mercado reglado, y a las bases de una sociedad abierta y democrática. El gran reto será poder liderar una coalición internacional que logre detener a una China cuyo propósito es imponer una nueva era con influencia e intervención sobretodo en los países en desarrollo. Y en eso, China ha buscado sobretodo unirse en aspectos como la política energética mundial con Rusia, otro país que abiertamente irrespeta las reglas del sistema político y económico global diseñado desde la posguerra y reinventado posterior a la guerra fría entre los EE. UU. y la Unión Soviética.

El éxito de ganar la competencia económica y geopolítica con China será una de las principales barras con la que será medida la política exterior de la administración Biden. Lograr alianzas y visiones conjuntas con otros países para enfrentar la amenaza del reino del medio, será central para poder restablecer el liderazgo como país visionario, centrado en los valores básicos de las sociedades modernas de occidente, y como potencia exitosa.

Rafael Herz
​Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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