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‘Big data’, el nuevo petróleo

Solo las organizaciones que acojan las tecnologías asociadas al ‘ big data’ y no teman a la inteligencia artificial podrán sentir que son del futuro.

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mayo 09 de 2019
2019-05-09 08:31 p.m.
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El big data será la mayor fuerza económica y geopolítica, como el petróleo lo fue para el siglo XX. Y aunque para muchos los macrodatos tengan menos atractivo que imaginarse sentado en la silla eléctrica, quien no los acoja se quedará atrás en el camino del progreso. La recolección, estructuración y procesamiento de los torrentes de información que producen los humanos y las máquinas es una realidad de la nueva economía mundial. Será imposible operar en el mundo moderno ignorando el big data, que arremete sin piedad sobre todas las labores de ejecución económica: planificación, recolección de datos, análisis y predicción.

Se estima que la generación de datos anuales en el mundo se duplicará cada año y su tamaño total alcanzará 44 zetabytes (trillones de gigabytes) en el 2020. Más impactante aún, es la revelación que hace la International Data Corporation: “…la cantidad de datos generados en los últimos ocho meses supera la cantidad de todos los datos creados desde la Revolución Industrial”.

Las aplicaciones de big data son inimaginables. Por ejemplo, las huellas digitales que deja la producción eléctrica cada nanosegundo permite calcular, en tiempo real, la actividad industrial de un país. China lo está aplicado: a través de su red de satélites ‘Space Know’, la autoridad estadística construye un índice de su nivel real de actividad industrial, tomando 2.200 millones de datos cada segundo de las 6.000 principales fábricas dispuestas en una superficie de 500.000 km cuadrados sobre el corredor industrial.

Hay otros ejemplos. Orbital Insights, liderado por un exempleado de la Nasa y Google, James Crawford, supervisa la producción de acero en India y China con base en el calor emitido por sus altos hornos. Orbital también colabora con el Banco Mundial en la cartografía de las tasas de pobreza, usando imágenes satelitales y ofrece un conjunto de datos macroeconómicos por país y ciudad.

Seguir dependiendo de datos recolectados con meses de retraso y procesados con software tradicional será pronto tan arcaico, como cuando la información meteorológica dependía del Calendario Bristol. Hace 160 años el primer telegrama transatlántico contenía 21 palabras, viajó de Gran Bretaña a EE. UU. a lo largo de un alambre bajo el mar y tardó 17 horas en llegar. Hoy, los datos que no viajan de forma inalámbrica, lo hacen través de una malla de cables de fibra óptica que envuelve al mundo, y que McKinsey Global Institute estima en 543 terabytes (equivale a 13 millones de copias de las obras de Shakespeare cada milisegundo). El Departamento de Energía de EE. UU. ya no depende de informes sobre exportaciones/importaciones de petróleo para hacer sus cálculos sobre desequilibrio del mercado y su efecto en el precio del crudo; recibe cada 10 minutos información satelital exacta de cada carguero transportador, su trayectoria y carga real.

La pregunta es cómo manejar tales volúmenes para detectar desde las tendencias macroeconómicas que ellos revelan, hasta la operación micro de una planta de generación eléctrica o el seguimiento milimétrico de un contrato de obra. En Colombia, la Contraloría General lo está haciendo. Su proyecto Centro Integrado de Información (CII), está construyendo la base de datos más completa sobre contratación pública de la historia. Con ello hará rastreo de cada peso, cada kilo de material y cada ejecución de cada contratista en tiempo real. Esa es la verdadera interventoría de obra y costos que necesita el país para asegurar ransparencia y evitar los recientes descalabros sufridos.

Plataformas digitales como la de SAP-Hana, llamada ‘Leonardo’, o la de Kaiserwetter, ‘Aristóteles’, presentan una buena ilustración. Estas dos firmas alemanas se especializan en manejo de datos para empresas (SAP) y manejo de activos de generación eléctrica (Kaiserwetter). Ambas utilizan técnicas de datos inteligentes para reducir riesgos y costos, y mejorar el rendimiento d empresas y plantas de generación eléctrica. Estas plataformas, como las que usa la industria del petróleo y gas más avanzada, incorporan el ‘aprendizaje automático’ (machine learninga, una forma de inteligencia artificial) usando algoritmos para extraer conclusiones mediante el rastreo de fantastillones de datos. Sin estas plataformas alimentadas por información sísmica, geológica e imágenes tridimensionales, no se hubiera podido consolidar la revolución del fracking en Texas y Dakota del Norte.

Pero, los operadores y empresarios quieren algo más: analítica predictiva. No solo cuál es la verdadera situación del activo, proceso y nivel de eficiencia, sino qué ajustes deberá hacer para sacar provecho de lo que va a suceder el próximo día o semana. Así como el productor de petróleo necesita saber cómo se moverá el precio para planificar su flujo de producción, el dueño de una granja solar o un parque eólico quiere conocer si habrá sol o viento la próxima semana. Complejos modelos de forecasting o mantenimiento predictivo requieren de ingentes cantidades de datos para poder aventurar sus predicciones. Solo así, acciones de mantenimiento y operación de equipos, horarios y despachos permitirán una ejecución óptima, ahorrando tiempo y dinero.

Y esto aplica no solo al sector productivo. En su web, Cambridge Analytica, la empresa que logró alterar la elección presidencial de EE. UU., hace alarde de poseer perfiles psicológicos basados en 5.000 piezas de información personal de 220 millones votantes estadounidenses. Asegura que así pudo predecir las inclinaciones emocionales hacia el voto de su preferencia. Con esto se prevé que la automatización y propagación de dispositivos inteligentes y conectados a toda actividad humana y a las máquinas permitirá registrar cómo se puede alterar y prever la trayectoria de su comportamiento futuro.

Sí, el big data es el nuevo petróleo. Ya es el commodity que determinará quiénes serán los ganadores de este siglo, como lo fue el ‘oro negro’ en el anterior. A pesar los ciberataques y los virus al big data, la construcción de nuevas murallas digitales protectoras en nubes blindadas hacen del aumento de la conectividad móvil, mayor uso de datos operativos y la automatización inteligente, el gran reto de la humanidad. El nuevo mundo digital será de los arriesgados. Solo las empresas que acojan las tecnologías asociadas a la big data y no teman a la inteligencia artificial, podrán sentir que son parte del futuro.

Rodrigo Villamizar
Exministro de Energía y exembajador de Colombia en Japón.

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