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Bolsonaro y G. Thunberg

Caos global va a hacer la vida de sus nietos muy difícil: hambrunas por inundaciones/sequías e imposibilidad de encontrar alimentos no contaminados.

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septiembre 04 de 2019
2019-09-04 06:39 p. m.
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¿Qué tienen en común Bolsonaro y los cítricos de G. Thunberg? Dos cosas: son climate deniers que contra evidencia científica irrefutable siguen sosteniendo (por mala fe o por ignorancia) que en realidad el planeta no se está calentando aceleradamente o que ese proceso no tiene conexión alguna con la acción humana; son de ultraderecha. Ejemplo paramétrico de ambas cosas es Trump. 

Pero Bolsonaro es peor que Trump: padece del mismo narcisismo omnipotente, acude a la mentira o a la agresión personal, es igualmente ignorante; pero además es violento tanto en su convicción de que la violencia resuelve problemas sociales (libera la posesión de armas en uno de los países más violentos del mundo), como en su actuación personal (reacción contra la mujer que lo acuso de violación, vanagloriarse de los muertos y torturados durante la dictadura o expresar su apetito de una guerra civil para exterminar la izquierda, con armas en la mano).

Otro caso de populismo de derecha al poder sobre la base de la mentira y el odio, parte de la epidemia antiliberal-democrática que se extiende de Turquía a Hungría y Reino Unido (donde Johnson está cayendo en salidas típicas de Trump).

A pesar de todo y en su ignorancia, su argumento sobre la Amazonia tiene un elemento de verdad que refiere el problema general de si ¿externalidades positivas como las que tiene ésta no deberían ser pagadas, o el costo de conservarlas compensado? El supuesto que surge del punto de vista ambiental, de que los países en desarrollo que poseen estos recursos deben limitar éste para conservarlos no hace mucho sentido económico para estos; a menos de que reciban una compensación que puedan invertir en su desarrollo.

En realidad la disputa entre EE. UU. y Brasil, que lo ha enfrentado con Alemania en las negociaciones para la implementación de París, hace relación con el problema más amplio de si, dado el derecho que los países en desarrollo tienen a este y los mayores costos/dificultades de financiación de mitigación/adaptación, no se requiere tratamiento diferenciado frente a los desarrollados que ya tuvieron la oportunidad de contaminar a sus anchas para desarrollarse (incluyendo destruir buena parte de sus bosques), como lo han sostenido G77/China y BASIC (Brasil, Sudáfrica, India, China).

Aunque este problema y su interrelación con el diseño/implementación de mecanismos de limitación de emisiones (su complejidad/dificultad), escapan la capacidad de comprensión de Bolsonaro quien no entiende que (dadas las externalidades en emisión de carbón y supresión de su atrapamiento por los bosques) es para conveniencia de la humanidad entera incluida ella misma que la UE trata de ayudarle.

Estos mecanismos son de dos clases: limites e intercambio comercial de derechos de emisión (este con las ventajas del mecanismo de mercado); y paradójicamente París representó una regresión con respecto a Kioto que avanzó en la definición de los mecanismos del mercado de emisiones, mientras París adoptó un enfoque de limites voluntarios (aunque buscó evitar la doble contabilidad y establecer un nuevo mecanismo para facilitar el comercio de emisiones). Desde luego un mercado de emisiones también requiere del establecimiento de un nivel de estas frente al cual los actores están en déficit o en superávit para entrar así a comprar o vender los derechos determinados por tal limite. El comercio de derechos de emisión busca controlar la contaminación al proporcionar incentivos económicos para lograr reducciones en las emisiones. Una autoridad asigna permisos para descargar cantidades específicas de un contaminante y si las necesidades de emitirlo de los contaminadores exceden sus derechos deben comprarlos a quienes no los necesitan y quieran venderlos. Así funcionan esos mercados que en la actualidad tienen alcances solo regionales o nacionales o limitadamente internacionales (ej. USA China, California, UE).

Así mismo, incluso para situaciones como la de la Amazonia, Kioto abrió la posibilidad de negociar otros productos además de los permisos de emisión emitidos por la autoridad competente, extendiendo las transferencias para incluir removal unit (RMU) sobre la base cambios en el uso de la tierra como reforestación.

Que la catástrofe ambiental es inminente a menos de que se avance en la implementación de estos mecanismos dirigidos a limitar el ascenso de la temperatura global a 1,5 gc, es el mensaje de G. Thunberg que por obvio no es menos contundente. Sus críticos, tan naturalmente concentrados en la derecha neoliberal (dado que en el fondo su argumento como el de Francisco es una crítica de un capitalismo desbocado), desconocen que se trata del grito desesperado de los jóvenes, las víctimas de la más catastrófica falla de coordinación (de mercado, gobernancia/gobierno, institucional) de la historia moderna (o de su totalidad), consecuencia de la incapacidad política de frenar la catástrofe climática (cambio es un eufemismo). Este caos va a hacer la vida de sus nietos muy difícil: hambrunas por inundaciones/sequías e imposibilidad de encontrar alimentos no contaminados o agotados, colapso /caos social por desplazamientos masivos, conflicto por estos y recursos naturales severamente escasos.

No es pesimismo, es ciencia desconocida por estos climate deniers. Las tendencias son irrevocables pues el liderazgo internacional no reacciona efectivamente implementando formas de gobernancia global capaces de imponer correctivos a tiempo; así sea siempre cierto que ellas serán minadas por free riders que (dado el carácter global plagado de externalidades internacionales de la contaminación) se benefician de las restricciones sin adherir a ellas como USA fuera de París; así como por países opositores atrapados en la dependencia del carbón, como Polonia; y aquellos adelantando un desarrollo todavía muy basado en carbón, como India y China. Asimismo considérese la presión por recursos ya escasos debido a la voracidad consumista capitalista, especialmente la americana, cuando un quinto de los casi tres billones de habitantes de estos dos países aspiren a niveles de consumo similares. Es un problema extremadamente complejo, agravado por la inconsciencia que combate G. Thunberg con gestos (como cruzar el Atlántico cero emisiones) cuyo nivel simbólico no es captado por sus críticos, quienes parecen exigirle soluciones y llegan a la ‘bellacada’ de criticarle su síndrome de Asperger.

Ricardo Chica
​Consultor en desarrollo económico.
rchicave@gmail.com

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