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Buenas juntas directivas

"Una junta directiva es exitosa cuando la organización que lidera logra los resultados estratégicos y financieros que desea”.

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agosto 15 de 2019
2019-08-15 10:00 p.m.
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¿Qué caracteriza a las buenas juntas directivas? La respuesta interesa a quienes hacen parte de una junta, reportan a ella, deben elegirla o evaluarla. Estas son algunas consideraciones generales.

Jeffrey Sonnenfeld, profesor de la Universidad de Yale, publicó en 2002 un artículo al respecto, el cual se convertiría en un clásico del gobierno corporativo. Allí plantea que las buenas juntas se caracterizan por operar en un clima de franqueza y confianza, lo cual es clave para sobreponerse a los temas que podrían polarizarlas.

Tales juntas promueven una cultura donde es legítimo el disenso abierto, entre sus miembros y con la gerencia, y en la que no son indispensables los consensos. Los miembros de las buenas juntas no se encasillan en un solo rol, y aceptan salirse de sus esquemas predeterminados por su experiencia o formación. El nivel de responsabilidad de sus miembros es elevado, y están abiertos a ser evaluados como junta y como individuos alrededor de la calidad de sus discusiones, su nivel de conocimiento y la relevancia de sus aportes, entre otros elementos.

La firma consultora A.T. Kearney, experta en gobierno corporativo, a partir de publicaciones de David Nadler, Beverly Behan y Mark Nadler, considera que las juntas directivas de alto desempeño incorporan cinco valores que motivan una serie de conductas. En primer lugar, valoran la independencia e integridad, para hacer preguntas profundas, navegar los desacuerdos, hacer respetar las reglas del buen gobierno y tener relaciones de transparencia entre sus miembros y con la gerencia.

Estas juntas aprecian la apertura, desde la cual intercambian puntos de vista con sinceridad en conversaciones incluyentes que derivan en decisiones bien elaboradas que les generan confianza. Creen en la rendición de cuentas, y desde allí sus miembros entienden que su liderazgo y responsabilidad son compartidos frente a sus partes interesadas, así como la importancia de gestionarse a nivel individual y colectivo acogiendo una evaluación periódica. Las buenas juntas valoran la orientación a acciones, haciendo seguimiento a lo acordado, promoviendo decisiones y enfocando su conversación con la gerencia alrededor de prioridades verdaderas. Todo esto sucede enmarcado en el valor de la confianza desde el respeto mutuo, que motiva capacidad de escuchar, empatía entre los miembros de la junta y desde ella con el equipo de gerencia, confidencialidad y compromiso individual frente a lo decidido pese a no estar eventualmente de acuerdo.

En su libro Compañías excelentes merecen juntas excelentes, Beverly Behan identifica cinco rasgos evidentes en las juntas exitosas. Ellas agregan valor tangible a la gerencia, aportando perspectiva, desafiando sus supuestos y tomando decisiones. Además, son juntas consientes de su forma de generar valor, enfocadas en los temas relevantes desde la estrategia de la organización y su coyuntura. Desde la consciencia de sí misma, y el conocimiento de su rol, una junta de alto desempeño identifica y gestiona sus oportunidades de mejora, y procura tener sesiones dinámicas y abiertas, participativas e interesantes para los asistentes. Finalmente, una junta directiva es exitosa cuando la organización que lidera logra los resultados estratégicos y financieros que desea.

Estos modelos generales de referencia, que comparten terrenos comunes, son de utilidad para reflexionar sobre nuestras juntas directivas y evidenciar algunas de sus oportunidades para mejorar su operación y multiplicar el valor tangible que generan a las organizaciones que lideran.

Carlos Téllez
ctellez@bexco.co

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