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Daño espiritual en juventud colombiana

La de hoy es una generación que protesta por el sueño de un futuro diferente que el Estado colombiano no ha sido capaz de garantizar.

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agosto 02 de 2021
2021-08-02 07:30 p. m.
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En 1999 el juez Antônio Cançado, entonces presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentenció el caso de los ‘Niños de la Calle’ vs. Guatemala, un proceso por el secuestro, tortura y asesinato de cinco menores de edad en los Bosques de San Nicolás. En este fallo por primera vez se hizo alusión al concepto de daño espiritual como una de las categorías del daño moral, refiriéndose a la miseria y abandono estatal en la que viven niños y jóvenes latinoamericanos, unos ‘niños de la calle’ cuya situación les impide crear un proyecto de vida.

El daño espiritual atañe directamente a la imposibilidad de vivir dignamente, de idealizar un camino de vida, de aspirar a una realidad diferente a la que conocemos en el presente. A las nuevas generaciones les es cada vez más lejano el sueño de lograr una vida mejor a la que tuvieron sus padres. Esta ausencia de expectativas, sumada a una baja valoración de su propia vida, llevan a los jóvenes a una situación de desolación, de sentirse nadie. Esto, según el juez Cançado, equivale a la muerte espiritual, o la sensación de estar muerto en vida.

Por esta razón, cuando un joven no cuenta con la posibilidad de estudiar o pierde un trabajo que le permitía aspirar a una mejor calidad de vida, queda condenado a la desesperanza. El paro ha movilizado colombianos que experimentan las mismas condiciones de los ‘niños de la calle’: jóvenes que anhelan un futuro mejor, que exigen acceso a educación y la posibilidad de obtener trabajos dignos. En definitiva, es una generación que protesta por el sueño de un futuro diferente que el Estado colombiano no ha sido capaz de garantizar.

Esta rabia sincera se explica por la ausencia de lo que Amartya Sen denomina las libertades, esto es, las posibilidades que brinda la sociedad para el desarrollo personal y profesional del individuo. Como sociedad debemos respaldar su deseo de construir en libertad un proyecto de vida, pues el bienestar de nuestros jóvenes en el presente reflejará el tipo de sociedad que logremos alcanzar en nuestro futuro. Por esto, la ‘victoria’ del gobierno Duque de dejar marchitar el paro se convierte en realidad en una derrota para la sociedad. La ausencia de liderazgo del gobierno y del Congreso llevaron a desaprovechar la oportunidad para escuchar a la juventud y canalizar la participación ciudadana a la construcción consensuada de un reenfoque de las políticas públicas. En esta misma dirección, haber desperdiciado el impulso que ofreció el Acuerdo de Paz para la construcción de un sueño conjunto como sociedad va a ser un error de la actual administración que costará mucho tiempo y esfuerzo recuperar.

Ahora, con el último año del cuatrienio por delante, el gobierno Duque, el más joven de la historia reciente, debe preguntarse qué legado le dejará a nuestra juventud. Hasta el momento el saldo va en rojo...

David Fernando Forero
Investigador de Fedesarrollo
dforero@fedesarrollo.org.co

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