Otros Columnistas
opinión

Donald Trump está equivocado: China no es México

Para Beijing no sería difícil compensar una pérdida de demanda en una guerra comercial con EE.UU.

Otros Columnistas
POR:
Otros Columnistas
octubre 05 de 2018
2018-10-05 08:30 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

“Cuando un país (EE.UU.) está perdiendo muchos miles de millones de dólares en comercio con prácticamente todos los países con los que hace negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. Este tuit del 2 de marzo establece los objetivos y los medios de la política comercial de Donald Trump. La aparente victoria sobre Canadá y México, y la firma de un nuevo acuerdo, lo convencerán de que él tiene razón. Pero China no es México.

El presidente estadounidense cree que si un país le vende más productos a un socio de los que compra, ha “ganado”. Él también piensa que si compra más bienes de un socio que los que vende, puede “ganar” una guerra proteccionista, porque la otra parte tiene más que perder. Estas dos convicciones -el mercantilismo bilateral y el equilibrio asimétrico del ‘sufrimiento’- son sus guías. Su política es utilizar la forma en que EE.UU. “pierde” para asegurarse la victoria.

Los economistas serios, desde Adam Smith, insistirían en que buscar un superávit con cada socio comercial no es “ganar”. Esto ni siquiera es un mercantilismo inteligente, el cual se centraría en la balanza comercial total. Sin embargo, particularmente con los flujos de capital libres, la balanza general es un objetivo insensato y uno que la política comercial no puede lograr. Es increíble que ideas tan primitivas gobiernen el país más sofisticado del mundo.

Pongamos a un lado el significado de esto. Para una superpotencia, ¿son fáciles de ganar las guerras comerciales contra países con grandes excedentes bilaterales? La respuesta es “sí y no”. Las exportaciones de México a EE.UU. representaron el 28% del PIB en 2017, mientras que las de Canadá representaron el 19%. Las exportaciones estadounidenses a México representaron sólo el 1,3% del PIB, mientras que aquellas a Canadá representaron el 1,5%. Cuando los países son tan asimétricamente dependientes como Canadá y México, es probable que haya algún tipo de victoria. En una negociación bilateral, era bastante probable que EE.UU. obtuviera gran parte de lo que deseaba (aunque parece que no lo consiguió todo).

El caso de China es diferente. Sus exportaciones a EE.UU. representan una proporción mayor de su PIB que al contrario, con un 4,1%, frente al 0,7%, en 2017. El superávit bilateral de China fue de alrededor del 3,1% de su PIB, el cual está muy por debajo del 10,2 % en 2006. Imaginémonos que EE.UU. impusiera prohibitivos aranceles a todas sus exportaciones. Se podría pensar que el efecto sería reducir el PIB de China en un 4,1 %. Pero sería incorrecto. Las exportaciones de EE.UU. a China también bajarían, debido a que China aplicaría sus represalias. Además, un tercio del valor agregado de las exportaciones de China se importa. Los exportadores chinos también pudieran vender en otros países.

Al final, la caída del PIB de China en una guerra comercial sería inferior al 2%, en igualdad de condiciones. Esto equivale a unos cuatro meses de crecimiento. Además, a China no le resultaría difícil compensar la pérdida de demanda. Mientras tanto, la balanza comercial estadounidense probablemente no cambiaría, ya que la oferta y la demanda domésticas determinan esos resultados.

Aunque Beijing prefiere un acuerdo, no pagará un alto precio. A todos los chinos se les enseña sobre el “siglo de humillación”. Xi Jinping, el presidente de China, domésticamente se encuentra en una posición fuerte. Sin embargo, es probable que incluso él no pudiera sobrevivir si se ‘rebaja’ ante un abusador.

Trump ha cometido dos errores. En primer lugar, se ha extralimitado. China no puede ofrecer un comercio bilateralmente equilibrado porque no puede obligar a los chinos a comprar lo que no quieren. El punto acerca del comercio entre EE.UU. y China no es que sus importaciones sean tan altas: en relación con el PIB, son muy parecidas a las de la Unión Europea (UE). La diferencia es el bajo nivel de sus exportaciones. Eso demuestra falta de competitividad. Por último, China no abandonará las esperanzas de actualización tecnológica. Ningún poder lo haría.

En segundo lugar, ha exagerado el poder estadounidense. En otras áreas de la política comercial se pudieran hacer tratos. Sería posible imaginarse cambios en la política china en relación con la propiedad intelectual y con la exclusión de compañías estadounidenses. Sería posible imaginarse un acuerdo en el que China renunciara al estatus de país en desarrollo a cambio de ser tratado como una economía de mercado.Pero, para lograr estos resultados, Trump necesita aliados, especialmente a la UE y a Japón, a los cuales desprecia. Pero no está claro si quiere tales acuerdos: si la propiedad intelectual estuviera mejor protegida, más compañías estadounidenses invertirían en China. Trump pudiera sorprendernos pregonando el logro del mayor acuerdo comercial de la historia en el que él obtiene poco. Pero supongamos que el conflicto se agravara, terminando en una situación de elevados aranceles bilaterales. ¿Quién gana? La respuesta amplia es nadie: el comercio se vería perturbado; el sistema de comercio regido por las reglas sería devastado; las relaciones entre EE.UU. y China se deteriorarían; y el mundo se tornaría más peligroso.

Pero ¿qué lado pierde más? Esto es difícil de discernir porque nadie sabe qué sucedería. Una posibilidad, analizada por el Banco Central Europeo (BCE), es que el conflicto se globalizaría. Incluso la administración Trump pudiera darse cuenta de que la desviación del comercio está actuando en su contra: detiene las importaciones de China y las obtiene, por ejemplo, de Vietnam. Así que decide implementar un arancel general del 10%. El resto del mundo toma represalias imponiéndole un arancel del 10% a EE.UU. En este caso, argumenta el BCE, EE.UU. pierde a corto plazo y China incluso gana. En una guerra comercial, la economía más grande pierde menos porque el comercio que pierde le es menos importante. La economía del resto del mundo es tres veces mayor que la de EE.UU.

EE.UU. pudiera llegar a un acuerdo con China en materia de propiedad intelectual y de liberalización del mercado. Pero no puede lograr un acuerdo que equilibre el comercio bilateral o que detenga el desarrollo de China. Es probable que EE.UU. pudiera lograr tal acuerdo cooperando estrechamente con los aliados, pero si sigue insistiendo en un bilateralismo puro, no ganará. Se hará daño a sí mismo, al comercio, a la economía y a las relaciones internacionales. Las guerras comerciales no son buenas. Y, con las grandes potencias, tampoco son fáciles de ganar.

Martin Wolf

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado