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Economía del no pago en Colombia

Las sociedades en donde el trabajo se paga de manera justa, progresan, como es el caso de Japón.

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septiembre 04 de 2019
2019-09-04 07:55 p. m.
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En días recientes el periódico El Tiempo publicó el artículo “¿Ha trabajado sin pago? La billonaria cifra de la no remuneración”, en el cual afirma que se dejan de recibir cerca de $185 billones por una serie de trabajos que no se pagan, los cuales son principalmente domésticos, como, cuidar personas, arreglar ropa, voluntarios, limpieza de casas y apartamentos, lo que es superior a lo que se paga por salarios en el comercio o la construcción.

También estima que es cerca de una quita parte del PIB. Es decir, que si ese dinero se pagara a las personas, el PIB sería 20% más grande de lo que es ahora. Eso teniendo en cuenta que el PIB calculado con base en los informes del Banco de la República para el 2018, fue de $853,981 billones.

Sin embargo, hay una parte que no se menciona, y es la que les pasa al algunos o muchos profesionales con conocimientos avanzados de diferentes áreas de la economía, industria, o tecnología entre otros.

Para describir la situación, es de la siguiente manera. El empresario o potencial empleador le hace un encargo o pide una consulta sobre algún tema álgido (como desenredar a un empresario colombiano o latinoamericano de un mal negocio en Asia), para lo cual se requiere una pronta determinación, y, por supuesto mucho conocimiento en el área, lo cual está basado en estudio y experiencia directa. Cuando el “consultor” dice que con mucho gusto, pero eso puede tener un costo, el empresario pone el grito en el cielo y dice: ¿Cuál? ¡Más bien agradezca que le pongo oficio!

Al final, el consultor, con la expectativa de obtener un trabajo con el empresario que necesita ser sacado del embrollo, acepta hacerlo sin cobrar. Lo que al final se convierte en la realización de un trabajo especializado por $0, y además tiene que pagar los taxis, la gasolina del carro, parqueadero y hasta los almuerzos para completar el trabajo. Es decir, hay que encimarles “por haberle puesto oficio a ese personaje que estaba desocupado”.

Tal vez no sea el 20% del PIB, como el caso que analiza El Tiempo, pero si decimos que puede ser la mitad de eso, es decir el 10% del PIB lo que se deja de pagar a esos profesionales. Entonces el PIB de Colombia para el 2018 hubiera sido de $1.024.777,2 miles de millones si su hubieran pagado esos trabajos. ¡Ese dinero paga muchos salarios!

En realidad, si se llegaran a pagar los trabajos que no se “antoja” pagar, la economía del país sería mucho mejor y probablemente habría mayores beneficios para distribuir.

La pregunta ha sido, ¿por qué a los colombianos nos gusta hacer eso de no pagar al que está en desventaja? Tal vez la cultura del “avivato”, que tumba a los demás, sea parte de la razón, pero en verdad a todos nos afecta, incluidos los avivatos, porque está evitando que circule buena parte del dinero representando en los trabajos que no se pagaron, pero sí recibieron los resultados de dichos trabajos.

Creo que la idea fundamental es que el trabajo no vale, o mejor, “su trabajo no vale” y por eso no lo pago. Las sociedades en donde el trabajo se paga, progresan, como es el caso de Japón. En una ocasión, la dueña de una empresa de tecnología en la que yo trabajaba, al final del día me pidió el favor de que hiciera seis llamadas a diferentes personas en Europa, les diera un mensaje, y, que al día siguiente le diera la razón de lo que esas personas habían respondido. También me pidió que a través del sistema telefónico, recogiera el informe de cuánto costaba cada llamada, para reintegrarme ese dinero. A la mañana siguiente le di el informe del resultado de las llamadas, así como los minutos de cada una, con su respectivo valor. Ella no solo me pagó el costo de cada llamada, sino que me dio ¥10.000 (US$100) por cada llamada. Por más que insistí que no era necesario, pues lo había hecho con mucho gusto, ella insistió con firmeza y me dijo que era “un trabajo” que había hecho y por eso me lo pagaba. De esta manera, la ganancia que ella obtendría como resultado de esas llamadas, también la estaba compartiendo conmigo al pagar mi trabajo.

He reflexionado sobre el tema muchas veces y pienso que la diferencia entre los trabajos no pagos en Colombia y los sí pagos en otras latitudes del planeta se debe a la actitud que se tiene hacia el trabajo. En nuestro caso, el trabajo es de bobos, algunos más extremistas lo presentan como una “maldición bíblica”, mientras que en las sociedades orientales “el trabajo es un regalo del cielo” y “el cielo premia al trabajo de la persona, más no a la persona”, y esto nos pone en dos extremos de la concepción de trabajo y del desarrollo de la economía.

Cualquiera que sea la explicación, en nuestro caso, se constriñe el flujo de dinero en la economía, lo que hace que la economía no se comporte de acuerdo con el valor de trabajo y, por tanto, no crezca y refleje la realidad como debería.

Con una economía más saludable, la sociedad se beneficiaría por mayor actividad económica, el Gobierno tendría mejores ingresos tributarios, y no tendríamos que estar abocados a reformas tributarias para aumentar el ingreso. Tal vez lo que debemos concentrarnos es en una reforma de la mentalidad, para que se le dé verdadero valor al trabajo y la economía se comporte mejor.

​Manuel Guerrero Amaya
Especial para Portafolio

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