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Educación como receta del éxito: sí pero no

Es más importante, estratégico y costo-efectivo que le demos la importancia que se merece a la formación técnica y vocacional.

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Muchos hemos predicado que el acceso a educación superior es la mejor herramienta de movilidad social y el primer paso en el camino del éxito profesional.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), una persona que haya tenido acceso a formación terciaria (de calidad) logra ingresos durante su vida económica que duplican aquellos percibidos por quien no tuvo las mismas oportunidades de entrenamiento académico.

Sin embargo, es pertinente resaltar que lo anterior aplica solamente para el individuo que tiene la suerte (ya sea por su origen familiar o por contar con gran talento intelectual) de lograr acceso al sistema educativo.

Todos aquellos que hemos tenido tales beneficios podemos dar fe de los mismos, pero no deberíamos olvidar que esto deja por fuera a la mayoría de nuestros conciudadanos.

En Colombia se gradúan unos 450.000 bachilleres al año. De estos, cerca del 40% ingresa a la Universidad. De estos últimos, menos de la mitad logran graduarse del programa al que ingresaron. Esto implica que menos del 20% de los bachilleres alcanzan un título de educación superior.

La pregunta relevante es entonces qué sucede con el restante 80% (más de 350.000 jóvenes al año), a los que se suman centenares de miles de estudiantes que no logran graduarse de secundaria y otras decenas de miles que se gradúan de universidades de mala calidad, en las que el título profesional no es garante de ninguna habilidad o competencia significativa.

De esta manera, resulta posible afirmar que la oportunidad que recibimos unos pocos de transitar por la educación terciaria de calidad es en realidad una condición que ratifica las brechas económicas y agrava la inequidad que caracteriza a nuestra sociedad.

Más aún, es bueno que sepamos que en los países más desarrollados del mundo no se ha logrado que la mayoría de la población adulta cuente con grados superiores.

Por ejemplo, para las naciones que hacen parte de la Ocde, se observa que más de la mitad de la población entre 25 y 64 años no tiene título universitario.

Más aún, en países como Finlandia y Singapur, menos del 40% de los adultos tienen dichos títulos y grados. En este punto vale la pena preguntarse si es sabio que, dadas las propuestas de reformas sociales, en Colombia se pretenda ofrecer educación superior de manera masiva.

Esto no ha sido ha sido posible en ninguna parte el mundo, si es que en el diseño de tal oferta se incluyen los componentes de calidad y pertinencia del conocimiento.

Es más importante, estratégico y costo-efectivo que demos la importancia que se merece a la formación técnica y vocacional. La promoción de este tipo de educación debería ser el énfasis de la política nacional. Si de verdad queremos copiar la receta del éxito de los países con mayor nivel de desarrollo y bienestar, bien vale la pena que la leamos de manera correcta.

Eduardo Behrentz
Presidente Instituto Colombiano de Aprendizaje - INCAP.

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