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El gas natural: fuente de abastecimiento y respaldo

Con una demanda creciente de gas natural, surge la pregunta de si Colombia debería apostarle con mayor decisión a este recurso.

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febrero 27 de 2019
2019-02-27 07:16 p.m.
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El gas natural no es solamente un combustible de transición. Está llamado a compartir la matriz energética con otras fuentes de energía incluidas las renovables no convencionales como la eólica y la solar; y en el caso de Colombia, a ser el pilar fundamental del respaldo del sistema eléctrico. De ahí la necesidad de darle la importancia que amerita en la discusión energética del país, pues sin gas natural la confiabilidad del sistema estará en entredicho.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo de gas natural a nivel global crecerá 45 por ciento al año 2040. Es así que el gas se proyecta como el combustible fósil de mayor crecimiento, desplazando al carbón en el 2030, y dejando al petróleo en segundo lugar. Este comportamiento se basa en un crecimiento de la demanda en China, pues se espera triplique su consumo actual, y de India que tendrá un crecimiento sostenido al igual que los países asiáticos.

Sobre la oferta, la AIE señala que Estados Unidos continuará siendo el principal productor mundial, seguido de Rusia, y proyecta que el gas de yacimientos no covencionales ganará cada día más terreno, pasando a representar el 80 por ciento de la producción de Estados Unidos y el 70 por ciento de Canadá. Ello explica la campaña anti-fracking de Rusia, principal provedor de gas natural a Europa, región que empieza a importar gas licuado de origen no convencional.

En el caso de Colombia, nuestra matriz eléctrica es limpia, ya que el 70 por ciento se genera con agua y el grueso del 30 por ciento restante con plantas térmicas a gas; aunque dependiendo del nivel de los embalses los porcentajes varían. Lo que no cambia es el hecho de que el gas natural es el que respalda el sistema en las horas pico y cuando la sequía amenaza con un apagón. Es decir, de no ser por el gas natural, nuestro país no tendría un sistema confiable.

Esto es importante porque aplica también a las fuentes renovables no convencionales. En el escenario hipotético en el que la eólica y la solar fueran líderes en generación eléctrica –en lugar de la hidro– igualmente necesitarían una fuente de respaldo, bien sea gas, carbón, petróleo o biomasa. Esto explica, a su vez, el por qué la transición energética no será total, al menos durante varias décadas, ni se dará de la noche a la mañana.

Y ahí está el gas, como fuente de abastecimiento y respaldo. En la Costa Caribe, en tierra firme –en donde dicho sea de paso aún hay mucho potencial por desarrollar– y en el subsuelo marino; en el Valle Medio e Inferior del Magdalena y en los Llanos Orientales tenemos unas reservas probadas de 3,9 Terapies Cúbicos de gas -TPC; mientras que en Costa Afuera –incluidas aguas someras donde se cuenta con infraestructura y conexión–, en gas metano asociado a carbón y en yacimientos no convencionales, se estima un altísimo potencial aún por descubrir.

Con ese potencial, que suma más de 20 TPC, no se entiende que el país cuente con unas reservas probadas de gas de solo 3,9 TPC, que esté siendo necesario importar gas licuado en la Costa Caribe y que se proyecte una nueva planta de regasificación en el Pacífico, sin tener claro su objetivo –si es de abastecimiento o de respaldo–. Es factible que en el corto plazo sea necesario importar gas, pero esa necesidad de coyuntura no debe llevarnos a olvidar que tenemos nuestro propio recurso; cosa distinta es si como país tomamos la decisión de no aprovecharlo.

Ahora bien, en los últimos años se lograron avances importantes en materia regulatoria como el hecho de que los productores de gas en tierra firme puedan evacuar su producción por nuevos gasoductos de conexión, se definió por fin la regulación contractual para proyectos Costa Afuera y la conversión de Contratos de Evaluación Técnica (TEA) a Contratos de Exploración y Producción (E&P), y se definieron normas claras en materia de arbitraje, sin las cuales no habría más inversión.

El gas natural revolucionó al país beneficiando en especial a la población más pobre: nueve millones de hogares consumen este recurso, sin contar el sector industrial, las plantas de generación térmica y el gas natural vehicular; y se proyecta un incremento en la demanda del 2 por ciento anual hasta el 2023, así como un incremento en la demanda de energía del país del 50 por ciento al 2040, explicado por un incremento en la población, en el ingreso y en la calidad de vida.

La pregunta es ¿cómo atender ese consumo creciente y qué rol puede y debe jugar el gas natural? Las energías renovables necesitan una fuente de respaldo y el gas está llamado cumplir esa función. Está servida la oportunidad para Colombia de ser un país autosuficiente en gas natural, con los recursos necesarios para abastecer el mercado interno y con excedentes para exportación, pero debemos ir más allá, apostarle con mayor decisión a este recurso y flexibilizar las normas existentes para facilitar su comercialización. Ser autosuficientes es una opción real, no una quimera.

Francisco José Lloreda Mera
Presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo

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