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‘El oráculo de los sabios’

El coronavirus ha generado que la humanidad reaccione por primera vez como especie, y pare por un momento su carrera hacia ninguna par.

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abril 16 de 2020
2020-04-16 10:07 p. m.
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Juvenal, un poeta romano del Siglo II d.C., acuñó la imagen de un cisne negro como representación de un suceso imposible, dado que en el mundo conocido hasta entonces solo se habían avistado cisnes blancos. No fue sino hasta 1697, cuando una expedición holandesa en Australia occidental encontró por primera vez un ejemplar de plumas negras (cygnus atratus), que cambió el sentido de la metáfora, para reflejar la grave limitación del aprendizaje humano basado en observaciones y experiencias previas y la fragilidad de nuestro esquema de conocimiento.

En 2007, Nassim Taleb adoptó este concepto a la lógica económica y financiera, y definió un Cisne Negro como un evento con tres características: es completamente inesperado (improbable estadísticamente, pues no ha ocurrido nunca antes); genera un impacto estructural y permanente, y es racionalizado a posteriori, buscando señales que hubieran permitido predecir lo imprevisible. Si asemejamos la historia de la humanidad al curso de un río, los Cisnes Negros representarían las cascadas que hacen que el río cambie su nivel, composición y velocidad. Son estos eventos los que realmente han definido los cambios en la historia de la humanidad, más que los largos periodos en donde pocas cosas cambian. Ejemplos de Cisnes Negros son la I Guerra Mundial, la Gran Depresión de 1929, o recientemente el tsunami asiático de 2004 y la crisis financiera de 2008.

El coronavirus se puede considerar como el rey de los Cisnes Negros. En realidad, el virus SARS-CoV-2 no tiene conciencia, no tiene moral, no tiene un mensaje que dar; de hecho, tampoco tiene elección, se limita a seguir siendo un virus y buscar su reproducción. Aun así, ha trastocado la cotidianidad de la raza humana a nivel global, desnudando la baja capacidad que tienen los sistemas económicos y sanitarios para prepararse para un fenómeno improbable. Pero más allá de sus consecuencias, esta emergencia también ha llevado a un proceso de reflexión, en donde nos hemos dado cuenta que, pese a querer jugar a ser Dios con nuestras mentes, seguimos siendo una especie animal y teniendo un cuerpo, vulnerable como cualquier otro ser vivo del planeta.

El coronavirus ha generado que la humanidad reaccione por primera vez como especie, y pare por un momento su carrera hacia ninguna par. Puso en pausa la máquina perpetua del capitalismo salvaje. Las hermosas postales de estos días, donde la naturaleza limpia las aguas y retoma paisajes invadidos por humanos, nos recuerdan que quizás es la especie humana la que ha actuado como un virus sobre el planeta Tierra. Hemos impuesto una lógica lineal, de producir y desechar, sobre un ecosistema que funciona de manera circular, lo que es insostenible. Las crisis sirven para reinventarse y la humanidad cambiará después de este Cisne Negro, aunque no acabará. Al fin y al cabo, el río sigue corriendo después de la cascada.

Ojalá podamos resignificar lo esencial, vernos, reconocernos y cuidarnos, y abandonemos la mentalidad materialista que hemos tenido sin darnos cuenta durante tanto tiempo.

David Forero
Investigador de Fedesarrollo y Profesor de la U. Nacional


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