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aNÁLISIS

El orden estratégico asiático está muriendo

Cuarenta años de prosperidad en la región están bajo amenaza.

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agosto 09 de 2019
2019-08-09 08:56 p.m.
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Cuando alguien está llegando al final de su vida, a menudo sufre de diversas dolencias aparentemente no relacionadas: fiebres, dolores y desafortunadas caídas. Algo similar puede suceder cuando un orden estratégico está muriendo. A través de Asia Oriental, el mes pasado fue testigo de una serie de incidentes diplomáticos y de seguridad que son síntomas de una enfermedad más amplia.

A fines de julio, las fuerzas aéreas chinas y rusas organizaron su primera patrulla aérea conjunta en la región, lo cual provocó que aviones de combate surcoreanos lanzaran cientos de disparos de advertencia contra los intrusos rusos.

Los surcoreanos también están enfrentando el deterioro más grave en sus relaciones con Japón en décadas, con los nipones imponiendo restricciones comerciales la semana pasada en una disputa que se originó durante la Segunda Guerra Mundial. Corea del Norte también acaba de reiniciar las pruebas de misiles, poniendo en peligro los esfuerzos de paz liderados por EE. UU.

Todos los otros focos de tensión del Sudeste Asiático - Taiwán, el mar de China Meridional, Hong Kong y la guerra comercial entre EE. UU. y China - también parecen estar intensificándose. Las protestas y huelgas en Hong Kong todavía están tomando impulso. Los funcionarios chinos ahora están discutiendo abiertamente una intervención militar y, la semana pasada, un funcionario de la Casa Blanca atrajo la atención hacia una concentración de tropas chinas, justo al otro lado de la frontera con Hong Kong.

Sin embargo, para la administración Trump, la principal preocupación sigue siendo su disputa comercial con China, la cual también se intensificó la semana pasada, con EE.UU. imponiendo una nueva serie de aranceles.

En julio también se presenció la entrada de un barco de exploración de petróleo chino en aguas reclamadas por Vietnam, lo cual provocó una confrontación entre buques chinos y vietnamitas fuertemente armados.

El Gobierno de Filipinas también hizo sonar la alarma sobre las incursiones navales chinas y pidió ayuda estadounidense. La creciente asertividad de China fue enfatizada por la noticia de que Pekín está desarrollando una base militar en Camboya, la primera en el Sudeste Asiático.

Las tensiones relacionadas con Taiwán continúan aumentando. A fines de julio, un buque de guerra estadounidense navegó por el estrecho de Taiwán, y China emitió un libro blanco de defensa acusando al Gobierno taiwanés de buscar la independencia y amenazando con una respuesta militar.

Mientras, EE.UU. está hablando de desplegar misiles de alcance intermedio en Asia Oriental, después de su retirada del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (conocido como el Tratado INF, por sus siglas en inglés) la semana pasada.

En la superficie, muchos de estos incidentes parecen desconectados. Pero, colectivamente, sugieren el desmoronamiento de un orden de seguridad regional. La preeminencia militar y la predictibilidad diplomática estadounidenses ya no se pueden dar por sentadas. Y China ya no está dispuesta a aceptar un papel secundario en el sistema de seguridad de Asia Oriental. En estas nuevas circunstancias, otros países - incluidos Rusia, Japón y Corea del Norte - están poniendo a prueba las reglas.

Los últimos 40 años han representado un período de crecimiento y de prosperidad sin precedentes en Asia Oriental que también ha transformado la economía global. Pero el milagro económico de Asia dependía de la paz y de la estabilidad. Esas condiciones se establecieron a mediados de la década de 1970, con el final de la guerra de Vietnam y el acercamiento entre Estados Unidos y China.

Desde entonces, EE. UU. ha ‘tolerado’, e incluso facilitado, el ascenso de China. A cambio, China ha tácitamente aceptado que EE. UU. seguiría siendo el poder militar dominante en la región de Asia y el Pacífico. Estos arreglos pudieran llamarse el “orden mundial de Kissinger” para Asia Oriental, así llamado por Henry Kissinger, el secretario de Estado estadounidense que ayudó a negociar la nueva relación entre EE. UU. y China a principios de la década de 1970.

Pero tanto el presidente Xi Jinping de China como Donald Trump de Estados Unidos han rechazado elementos básicos del ‘orden de Kissinger’.

Trump ha abandonado la idea de que los lazos entre EE. UU. y China son mutuamente beneficiosos al lanzar su guerra comercial, mientras que Xi se ha propuesto desafiar la preeminencia estratégica estadounidense.

El reto de China al poder de EE.UU. ha planteado la pregunta de cuánto durará el dominio estratégico estadounidense en Asia. En lugar de ofrecer tranquilidad, Trump ha aumentado la incertidumbre al cuestionar abiertamente el valor de las alianzas de EE.UU. con Japón y con Corea del Sur.

Tal como lo expresó recientemente un ministro de Relaciones Exteriores de Asia: “El daño que Trump ha ocasionado sobrevivirá a también al mismo Trump”.

La pérdida de la autoridad regional estadounidense es evidente en la incapacidad de Washington de controlar la disputa entre Japón y Corea del Sur, sus dos aliados regionales más importantes. Incluso los australianos están comenzando a dudar del liderazgo estadounidense, con un alto diplomático australiano comentándome recientemente que, con la intensificación de la guerra comercial, “llegará un momento en el que EE. UU. y Australia discreparán en materia de la política relacionada con China”.
Pero las dudas acerca del liderazgo estadounidense no se corresponden con ningún deseo de acoger una región dominada por China. Por el contrario, desde Tokio hasta Taipéi y desde Canberra hasta Hanói, existe una creciente ansiedad por el comportamiento de Pekín.

Esa ansiedad sólo se ve amplificada por la creciente cercanía entre China y Rusia. Desde el punto de vista de Moscú, la reciente patrulla aérea conjunta enfatizó el regreso de Rusia como una potencia del Pacífico, de la misma manera que la intervención militar en Siria señaló su resurgimiento como potencia en el Medio Oriente.

El ‘orden de Kissinger’ en Asia Oriental no resolvió la mayoría de las disputas y rivalidades históricas en la región. Pero ayudó a congelar los conflictos regionales en su misma posición, ganando tiempo para el logro de un pacífico desarrollo. El clima geopolítico ha cambiado, razón por la cual los conflictos congelados se están moviendo nuevamente. A medida que el hielo se derrite, las cosas pueden moverse rápidamente de maneras peligrosas e impredecibles.

GIDEON RACHMAN

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