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Coyuntura

El pulso de la economía

¿Cómo han actuado las autoridades al desafío de choques externos?

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diciembre 08 de 2020
2020-12-08 06:53 p. m.
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Me declaro moderadamente optimista en el mediano plazo. Para mí, el triunfo de John Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos, la designación de los primeros miembros de su gabinete, y la aparición de cuatro alternativas serias de vacuna en el firmamento, en el ámbito global insinúan, para bien, un punto de inflexión en la tendencia de las economías.

Es de destacar la llegada de Janet Yellen a la secretaría del Tesoro. Yellen ocupó entre 2014 y 2018 la jefatura del banco central norteamericano, la FED, como se le conoce por sus siglas en inglés, con lujo de competencia y resultados reconocidos tanto al interior de su país como internacionalmente. Es casada con George Akerlof, premio Nobel de Economía en 2001, y actualmente profesor de la materia en la Universidad de Berkley.

Esta acertada designación indica que un signo fundamental del nuevo gobierno será la estrecha y coherente coordinación entre las autoridades monetaria y fiscal de la primera economía del mundo. Muy buena noticia para la estabilidad del aparato productivo planetario.

De otra parte, otra señal contundente de Biden sobre su compromiso con la respuesta de las políticas públicas frente a los retos del cambio climático, es el nombramiento de John Kerry en el Consejo Nacional de Seguridad, con el encargo específico de dirigir la diplomacia climática en los años por venir. Kerry, otro peso pesado, quien ocupó la secretaría de Estado durante la administración Obama, fue quien ayudó a orquestar a nombre de Estados Unidos los acuerdos de París de 2015.

En nuestro caso colombiano, sigo pensando que la recuperación se hará más ostensible a partir de la mitad del próximo año, y que la superación de nuestra crisis, es decir, volver al tamaño que tenía la economía en febrero pasado, podría tomarnos hasta febrero del 23. Esto es, tres años después del inicio de la pandemia.

En cuanto se refiere a los más relevantes indicadores sobre la marcha de la economía, aparte del mero PIB, su deterioro ha sido muy significativo, de suerte que su regreso a los niveles anteriores a la crisis podría ser mucho más prolongado.

En efecto, comenzando por la tasa de desempleo, la cual venía oscilando dentro del rango 10 por ciento - 11 por ciento, que se ha elevado al doble y va camino del 25. Ello sin incluir el llamado desempleo oculto, o, como también se le denomina, ‘por desaliento’. Que corresponde a las personas que por no haber podido hallar oportunidades de ocupación formal, terminan retirándose de la oferta laboral, o sea de la población económicamente activa, y que por tanto no aparecen como desempleadas en las encuestas convencionales del Dane.

Como se suele decir entre los campesinos, “uno no busca lo que no encuentra”. A falta de estadísticas sobre este fenómeno, vaya usted a saber cuál es su real magnitud. Presumiblemente constituye una fuente poderosa de la informalidad y de la economía del ‘rebusque’.

De otra parte, el déficit fiscal. Este venía oscilando entre el 2,2 y el 2,4 por ciento del PIB, y ahora supera el 8 por ciento, al tiempo que el endeudamiento público sobre el PIB, que hace apenas seis años alcanzaba un 34 por ciento y que se había elevado al 52 por ciento antes del comienzo de la pandemia, se ha trepado ahora a más del 60 por ciento, y se encamina hacia el 65. ¿Cómo han respondido las autoridades ante semejantes desafíos, originados en choques externos, desatados por una suerte de invasión extraterrestre de microbios desconocidos, tal como lo describió apropiadamente Kenneth Rogoff?

En mi opinión, la Junta del Banco de la República ha hecho lo que le corresponde, al haber reducido su tasa de interés real a cerca de cero. Pero ya agotó esta opción. Queda, desde el ángulo macroeconómico, la munición fiscal, que lamentablemente también está agotada, ya que en los ‘buenos tiempos’ de la mal llamada bonanza petrolera, el ahorro público fue exiguo.

Al actual gobierno no le quedó finalmente otra salida diferente al mayor endeudamiento para poder atender la emergencia. En lo inmediato, faltan por despejar dos grandes incógnitas el año entrante y el siguiente, a saber: una reforma fiscal-ambiental, integral y estructural (es decir, con una vigencia no menor a ocho años), y el mantenimiento del estado de derecho y de los principios de la economía de mercado, o sea del fundamento de nuestra libertad y nuestra democracia. He ahí la agenda común inmediata y prioritaria.

Carlos Gustavo Cano
Profesor U. de los Andes, director de Ecopetrol y excodirector del Emisor.

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