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Empresas: impuestos expuestos (I)

Un nuevo contrato social plantearía que para reducir los altos niveles de evasión es necesario incentivar la formalización empresarial.

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marzo 25 de 2021
2021-03-24 07:15 p. m.
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En las discusiones económicas se suele decir que los impuestos que pagan las empresas son muy altos, teniendo en cuenta los impuestos nacionales, los locales y las contribuciones a la seguridad social y parafiscales, que estrictamente constituyen un costo laboral y no una carga tributaria.

En el reciente trabajo realizado por Fedesarrollo “Reformas para una Colombia post-Covid 19: hacia un nuevo contrato social”, se calculan las tarifas efectivas de tributación con los datos reportados por la Dian, una medida del porcentaje de las utilidades que destinan las empresas al pago de impuestos. Los resultados muestran que para el periodo 2010-2019 la tarifa promedio fu 63,0%, con una tendencia decreciente a partir del 2015 y alcanzando su valor mínimo en 2019, con 55%. Ahora bien, al realizar este cálculo sin tener en cuenta los impuestos a la seguridad social y los parafiscales, la tarifa efectiva ha sido mucho más baja, en promedio 54,3%, llegando a 44,6% en 2019.

Estas tarifas tienen amplia dispersión sectorial, en donde educación, agricultura y actividades artísticas y de entretenimiento exhiben tarifas por encima del 80%, mientras que electricidad tiene la menor tarifa, aproximadamente 35%.

Si bien este cálculo nos lleva a pensar en que existe una excesiva carga para el privado, los reportes realizados por las empresas a la Dian no tienen en cuenta la evasión, la elusión, la informalidad empresarial ni algunos beneficios tributarios. Al recalcular las tarifas efectivas a nivel sectorial y total de toda la economía a partir de las cuentas nacionales, de donde es posible extraer una mejor aproximación de la base gravable de las empresas, los resultados muestran que la tarifa de las empresas no supera el 23% (o el 15% al excluir los pagos de seguridad social). Las disparidades sectoriales son amplias y contrarias a lo observado anteriormente: mientras la educación, la salud, las actividades financieras y el comercio muestran tasas superiores al 30% (o 20% al excluir los pagos de seguridad social), las actividades inmobiliarias, el alojamiento y servicios de comida, la agricultura y las actividades artísticas muestran tasas que no superan el 10% en cualquier caso.

Un punto llama la atención: se observa que la dispersión sectorial en los impuestos pagados por las empresas se ha mantenido desde hace una década (similar a lo encontrado por Ávila (2015) o por Salazar y Correa (2015)). Un nuevo contrato social plantearía que para reducir los altos niveles de evasión es necesario incentivar la formalización empresarial. Pero esto solo funciona si el mismo contrato elimina los tratamientos diferenciales entre sectores y el Estado llega a mercados tradicionalmente marginados, no solo a través del cobro de impuestos sino a través de la provisión de bienes públicos. Este es el verdadero reto de la tributación corporativa.

Martha Elena Delgado
Directora de análisis macroeconómico y sectorial - Fedesarrollo.

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