Otros Columnistas
Columnista

Espejismo cafetero

Los costos de producción de café en nuestro país son superiores a los de nuestros vecinos competidores. 

Otros Columnistas
POR:
Otros Columnistas
octubre 25 de 2018
2018-10-25 09:05 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

A propósito del Programa de Incentivo para la Equidad Cafetera (IGEC) de 100 mil millones de pesos, anunciado por el Gobierno Nacional, y del que únicamente se ha podido brindar beneficio a los caficultores unos pocos días, durante los cuales el precio del grano estuvo por debajo de 700.000 pesos por carga, se genera la reflexión de si esta es la solución de fondo que necesita el sector a la crisis, o simplemente es un espejismo para calmar los ánimos.

En 1990, Colombia era el segundo mayor productor de café del mundo, con 14,2 millones de sacos, y sus niveles de exportaciones representaban más del 15 por ciento del total de las exportaciones mundiales del grano. Hoy, tres décadas después, según estadísticas de la Organización Internacional del Café (OIC), la producción colombiana apenas ha podido volver a estos niveles de producción, y las exportaciones colombianas actuales representaron solo el 8 por ciento del total mundial. En contraste, países como Etiopía, Honduras y Vietnam han crecido en ordenes de 163, 432 y 2.151 por ciento, respectivamente.

La coyuntura de mercado, presentada en los últimos meses, deja en evidencia no solo la vulnerabilidad de los países productores ante las caídas de los precios internacionales del café, sino que la producción de café en Colombia se ha estancado, lejos de la meta de 20 millones de sacos que anunció el país hace unos años, manteniéndose en niveles cercanos a 14 millones de sacos, cifra que nos ubica en un modesto tercer lugar de producción mundial, seguido muy de cerca por países como Indonesia y Honduras. Además, deja en evidencia una situación de fondo que aún el sector cafetero colombiano no ha podido resolver: los costos de producción de café en nuestro país son superiores a los de nuestros vecinos competidores de Honduras, Nicaragua, Perú, y están muy por encima de países como Brasil y Vietnam.

Nuestra caficultura necesita una solución de fondo. Más que auxilios temporales, que terminan aislando las señales de mercado, lo que requiere es un programa nacional de transformación productiva enfocado a aumentar la competitividad del sector a nivel mundial. Este debe iniciar desde la producción en el campo, mediante la implementación de soluciones tecnológicas que incrementen la productividad del parque cafetero, y que reduzcan los costos y el uso intensivo de mano de obra en procesos de cosecha y beneficio. Además, debe continuar a lo largo de la cadena de comercialización del grano, impulsando las iniciativas de transporte multimodal y centros de consolidación de carga o puertos secos, que reduzcan los sobrecostos de almacenamiento y descongestionen las terminales portuarias del país, mejorando los márgenes de rentabilidad de todos los actores en la cadena de suministros del sector y disminuyendo el ‘costo país’ para ser competitivo internacionalmente.

El sector necesita evolucionar de ser un cultivo atomizado de subsistencia, a unidades de negocio competitivas, llamativas para las nuevas generaciones hambrientas de modelos de negocio basados en tecnología e innovación. Es así y no con auxilios como podremos tener una caficultura rentable y sostenible, que pueda resistir a las coyunturas internacionales de mercado. Tal vez de esa forma podamos dejar de extender las manos para pedir ayudas, y las utilizarlas nuevamente para jalonar el crecimiento económico de nuestro país.

Gustavo A. Gómez M.
​Presidente ejecutivo Asoexport - Analdex
gustavogomez@asoexport.org

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado