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Estrategia y emociones

Reconocer y aceptar las emociones es hacerse cargo de ellas para aprovecharlas. 

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junio 24 de 2020
2020-06-24 10:03 p.m.
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Maestros de una ortodoxia gerencial antigua prescribían ejercer el liderazgo al margen del mundo emocional. Dicho mundo amenazaba con deteriorar la “objetividad” en la gestión, que quienes practican la gerencia llevan a cabo tomando decisiones, quedando reservado a la intimidad de la esfera personal, y en lo profesional a cargo de expertos en disciplinas como la sicología.

La mirada moderna al asunto es sustancialmente distinta. Hace dos semanas, publiqué un libro digital corto, “Pensamiento estratégico: tomar decisiones en tiempos de crisis”, el cual está disponible al público para su descarga sin costo en mi página personal. Precisamente, respecto a los temas que allí planteo sobre las emociones y su pertinencia para el pensamiento estratégico, he recibido positivas consideraciones.

Este tema realmente no es nuevo. Podemos remontarnos, incluso, al filósofo escocés David Hume y su libro “Disertación sobre las pasiones” publicado en 1757. Pensadores como él, sin embargo, no lograron sobreponerse en su época al arraigo de las ideas racionalistas, presentes años después también en la teoría económica neoclásica, por ejemplo, en su concepto del Homus Economicus, un ser racional estándar, representativo de todos en cuanto a la forma de decidir y ver el futuro.

Con el paso del tiempo, y a la luz de la ciencia, se fue abriendo camino una visión más “humanista” del pensamiento estratégico y la toma de decisiones. Así entonces, el reconocimiento de las emociones en estos terrenos se empezó a manifestar, por ejemplo, desde estudiosos de la economía conductual, de la cual dos de sus pilares han sido los premios Nobel Daniel Kahneman y Richard Thaler. A mediados de los años noventa, Daniel Goleman, con su libro “Inteligencia emocional”, logro elevar sustancialmente el perfil de este asunto. Más recientemente, Susan David, sicóloga en la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, planteó nuevas ideas prácticas y sólidamente sustentadas en su exitoso libro “Agilidad emocional”, publicado en 2016. Así mismo, el coaching ha vitalizado la relevancia del mundo emocional en el ámbito ejecutivo, y últimamente hemos recibido un vehemente llamado desde distintas disciplinas a desarrollar dos habilidades claves para liderar: la capacidad de consciencia sobre nosotros mismos y la competencia de estar presentes, aquí y ahora, conocida como mindfulness.

Nuestra propia gestión emocional es ahora crítica para el ejercicio del liderazgo, el cual se materializa, entre otros, en el pensamiento estratégico y la toma de decisiones, para los cuales las emociones son a su vez una fuente de información. En este tiempo que vivimos, evidentemente emotivo, es ingenuo pretender liderar o pensar estratégicamente de espaldas al mundo emocional. Reconocer y aceptar las emociones es hacerse cargo de ellas para aprovecharlas en tanto la intención de su presencia, inherente a nuestra naturaleza humana, suele ser buena.

Carlos Téllez
Consultor
carlos@carlostellez.co 

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