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Familias empresariales

Es necesario revivir la discusión sobre empresas y familias para comprender como han forjado nuestra propia trayectoria capitalista.

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noviembre 28 de 2022
2022-11-28 08:15 p. m.
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Las empresas en Colombia siguen siendo proyectos familiares. Y no es solo una historia de pymes. Todavía hay concentración de la composición accionaria de las empresas grandes, incluso en algunas muy grandes. Tanto, que durante los 90 y la primera década de este siglo hubo una amplia discusión sobre el gobierno corporativo en las empresas familiares. Pero nos falta completar esta historia. La discusión sobre empresas familiares no es solo sobre asegurar una sucesión sostenible, o proteger su futuro de la creatividad sobrino menos talentoso, sino que también tiene que recaer en cómo las familias atraviesan nuestro tejido empresarial.

Según la Cámara de Comercio de Bogotá, durante la pandemia, el 52% de las empresas de Bogotá que accedieron a financiación extraordinaria para contar con capital de trabajo para operar lo hicieron vía préstamos de familiares o amigos, versus el 38% que accedió a créditos de bancos y cooperativas. Aún en espacios en los que la financiación es supremamente sofisticada, como en el sector de start ups de base tecnológica, el capital de trabajo, incluyendo la manutención inicial de los fundadores, sigue estando ligada a las familias. No es anormal ver a hermanos, parejas, primos etc. fundadores de dos empresas diferentes en los escenarios de socialización de este ecosistema. Las evidencias de estas redes están en nuestra historia empresarial.

El proceso de industrialización del país a principios del siglo XX está marcado por inversiones que dependían de capitales familiares y de empresas que funcionan en red con otras. Ingenios que se entrelazan con la industria de confitería en el Valle, casas comerciales que llevan a textileras en Cundinamarca y recuas de arriería que son la base para la fundación de bancos en Antioquia. El común denominador es que son fundados y administrados por miembros de una misma familia. Se imagina uno una escena de un comedor de familia en la que se compartan ideas de negocio en la sobremesa.

La teoría incluso respalda esta escena. Un hijo o hija de un empresario o empresaria tiene más posibilidades de serlo también. Y no solo una cuestión de plata, es una historia de intercambio de ideas, de conversaciones sobre los dolores de emprender y de la disposición de una familia de invertir su capital en proyectos de riesgo de sus miembros.

No se diferencia mucho de los comerciantes magrebíes en el año mil que establecieron redes comerciales a lo largo y ancho del Mediterráneo en el que los GPS y las comunicaciones de hoy en día, las reemplazaba la confianza que suscitaba el hecho de que la persona que estaba en Levante y la que estaba en Fenicia eran primos.

Es necesario revivir la discusión sobre empresas y familias, no para retomar el ya desgastado discurso de los protocolos de familia, sino para comprender como estas familias empresariales, en las que hay varios empresarios y emprendedores han forjado nuestra propia trayectoria capitalista.

Cristina Vélez Valencia
Decana Escuela de Administración
U. EAFIT/ cvelezv10@eafit.edu.co

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