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Egoísmo puro

Se trata de reconocer la existencia de intereses genuinos y legítimos que, al mismo tiempo, ayudan a mejorar la vida de alguien más.

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octubre 04 de 2018
2018-10-04 08:57 p.m.
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En el instante en que la recibió en sus brazos supo que era su hija. Sin importar la paternidad biológica o de sangre, con solo tres meses de nacida, disparó en él una conexión genuina y enorme, que lo hizo saberse padre a plenitud, sin más adjetivos. Así de simple, así de fuerte.

En algunas conversaciones escuchó decir que adoptar es un gran acto de generosidad, aquel de darle un hogar a un ser que no lo tiene o quizás nunca lo tendrá. Pero en su interior siempre supo que en realidad se trataba de un acto de egoísmo, limpio y transparente, por tener una familia, por encontrar a alguien a quien querer con sentido de trascendencia filial.

Esos sentimientos que comparto, sin reparos, me hicieron pensar en que es posible satisfacer una ilusión y un deseo íntimo, vívido, intenso, sin que haya alguien del otro lado que salga perdiendo. Por el contrario, la adopción es una señal clara de actuar buscando llenar una necesidad o un vacío personal, al mismo tiempo que se le regala a otro, a un niño o a una niña, algo con un valor descomunal.

Por supuesto, hay quienes dan un hogar a un niño por un sentimiento genuino de abrirle las puertas a una familia, a un padre, a una madre, a un hermano. Como aquellos que adoptan luego de haber tenido hijos biológicos. Pero esta vez quiero detenerme en quienes lo hacen por ese egoísmo que nos suena bien, que no ofende, que no lo hace a costa de alguien más, ese que podríamos llamar egoísmo puro.

Si eso funciona a nivel individual, quizás podríamos también activar esa disposición en un ámbito más amplio y más complejo. Esa actitud cabe en diversas disciplinas. En el arte, por ejemplo, rara vez se ven obras cuyo fundamento o relevancia surja del perjuicio a otros; el artista que triunfa, por lo general, incrementa el bienestar cultural de los demás, no lo limita. Con la literatura ocurre algo parecido. En el caso de la política o los negocios, por el contrario, con frecuencia el triunfo de una persona va en desmedro de otra, aun sobre la base del juego limpio sujeto a la ley y la competencia.

En el universo empresarial hay señales positivas por parte de quienes piensan que el beneficio de los dueños no pasa solo por la rentabilidad, con un eventual impacto negativo sobre los empleados o el entorno. Las empresas B, o B corp, se conocen como aquellas que miden su impacto social y ambiental y se comprometen de forma personal, institucional y legal a tomar decisiones teniendo en cuenta las consecuencias de sus acciones a largo plazo en la comunidad y el medioambiente. ¡Y eso es posible!

Se trata de reconocer la existencia de intereses genuinos y legítimos que, al mismo tiempo, ayudan a mejorar la vida de alguien más o los problemas latentes más cercanos. Eso es egoísmo puro, muy distinto al puro egoísmo. Así de simple, así de genuino.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia

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