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No me dejes olvidar

Cuando perdemos a una persona con quien hemos vivido tanto, el final no debería arrebatarnos cada instante ni cada experiencia.

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diciembre 06 de 2018
2018-12-06 09:18 p.m.
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Al terminar la película me sentí bien. Bohemian Rhapsody me pareció la mezcla perfecta de buenos recuerdos, música poderosa, una fina elaboración de los dilemas de Freddie Mercury, la relación con su banda, y una producción impecable. Varios momentos sublimes, en especial el final con el gran concierto de 1985, Live Aid, en Wembley.

Cuando hablé con mi hijo de once años –que la había visto unos días antes– me llamó la atención que le hubiera encantado. Pero me impactó más todavía, cuando me preguntó: “¿Papá, lloraste cuando Freddie le cuenta a sus amigos que se va a morir de Sida?”

Me hizo recordar las escenas duras de la película, aquellas que había olvidado por la grandeza del cierre del concierto de Londres. Sin duda, lo que hace más especial la cinta tiene mucho que ver con el final.

Me quedé dándole vueltas al tema y pensando en la importancia de cómo terminan las cosas. Así definimos cada experiencia. La manera como concluye un paseo, un viaje, un libro, un trabajo, un torneo, un matrimonio, una vida, define lo que son o fueron para nosotros. El final importa.

Pensando en ello, conecté con las ideas del premio nobel Daniel Kahneman, para quien los humanos tenemos dos aspectos diferentes de nuestro ser que determinan lo que somos y la forma en que nos sentimos más o menos felices. Según Kahneman, una cosa es lo que experimentamos en la realidad y otra cosa es lo que recordamos.

Un fanático de la música puede escuchar veinte minutos de una bella interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven, pero si por alguna razón en la grabación se escucha un ruido extraño, el recuerdo le hará pensar que se trató de una mala experiencia.

Luego de unas buenas vacaciones, el retraso de horas de un vuelo o el trancón interminable en la carretera puede dejar una huella en la memoria que nos hará buscar opciones distintas en una próxima ocasión.

Al contrario, también sucede. Los sacrificios y esfuerzos antes de lograr el triunfo de una carrera de ciclismo o una maratón se desvanecen ante la sensación y el recuerdo de levantar el trofeo o pararse en el podio. Así es la tiranía del recuerdo.

Sin embargo, los momentos que experimentamos son nuestra vida, aunque no los recordemos. La experiencia de cada instante vale por sí misma.

Cuando perdemos a una persona con quien hemos vivido tanto, con quien hemos compartido tanto, con quien hemos disfrutado tanto, el final no debería arrebatarnos cada instante ni cada experiencia.

Por so es tan importante guardar las fotos o las cartas, esas que ya no existen. Por eso, sueño con ser compositor, para poner en versos y melodías eso que dice: no me dejes olvidar.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia

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