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Los interrogantes de las ‘subastas’

Al conocer los resultados de las subastas de energía renovable y del cargo por confiabilidad, nos llevamos una gran decepción.

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marzo 10 de 2019
2019-03-10 05:23 p.m.
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Al conocer los resultados de las subastas de energía renovable y del cargo por confiabilidad, nos llevamos una gran decepción por el retroceso que tendremos frente a la ahora llamada ‘transformación energética’ y la diversificación de la matriz energética que de ella debía derivar. La primera subasta de energía renovable pasó dejando solo frustraciones y cero adjudicaciones. Es lamentable que por un débil diseño de las condiciones de competencia por parte de la Creg, se haya obtenido este pobre resultado, aun cuando los niveles de participación superaron las expectativas.

De haberse estructurado correctamente este proceso, en el que coincidieron múltiples ofertas de contratos de compra y venta de energía, estuviéramos celebrando la adjudicación de más de 1.000 megavatios hora/año por 12 años, pero desde su diseño la Creg definió unos indicadores de competencia excluyentes y desbalanceados.

Respecto a la subasta del cargo por confiabilidad, no dudamos en resaltar lo positivo de la disminución de su precio, sin embargo, nos queda el sinsabor de que esto no fue producto de una subasta, por lo cual nos preguntamos ¿cuál sería el precio si hubiera sido una verdadera subasta inversa? La asignación del cargo por confiabilidad fue de 13,5 por ciento a plantas nuevas, 80,5 por ciento a existentes y 6 por ciento a especiales. Hay plantas entre 30 y 40 años, donde los inversionistas ya han recuperado con creces su inversión, sin embargo, siguen recibiendo el mismo valor de cargo que las nuevas. ¿Qué incentivo hay para un inversionista que tiene una planta de más de 30 años para invertir en una nueva si con la planta vieja le pagan lo mismo?

Por otra parte, es importante tener en cuenta que las tecnologías limpias requieren un esquema diferencial de asignación del cargo por confiabilidad porque estas no tienen actualmente la capacidad de almacenar la energía generada. Asimismo, es necesario regular el sector para que gradualmente, en un horizonte de 10 años, los operadores de red se abastezcan mínimo del 20 por ciento de fuentes no convencionales. Anteriormente, ya había expresado mi desacuerdo en que EPM participara en esta puja, no entendemos cómo es posible que al megafracaso Hidroituango se le adjudicara el 1,8 por ciento. Por eso es necesario examinar las explicaciones del doctor Cristian Jaramillo, director de la Creg, quien, para justificar esta asignación, dijo que no existe inhabilidad y que la empresa lo asumió a “riesgo propio”. ¿Acaso no es obligación de los funcionarios públicos tomar todas las medidas para evitar que se le incumpla al país?

Con justas razones debemos preguntarle a la Ministra de Minas: ¿quedaron bien definidas por la Creg y XM las condiciones e inhabilidades de la participación en la subasta, que, a pesar de la situación actual de Hidroituango y el incumplimiento de Termocandelaria en el 2016, a ambas plantas se les asignó el cargo? ¿Puede sancionarse con la no asignación del cargo a las plantas que incumplen sus obligaciones?

Estas dos últimas mal llamadas ‘subastas’ de energía dejan como conclusiones que: 1) en Colombia no sabemos hacer subastas de energía; 2) debemos revisar la política energética y el papel que sus actores juegan, y 3) que es necesario evaluar si se están otorgando correctamente los incentivos para construcción de plantas nuevas, especialmente las que utilicen fuentes de energía renovables no convencionales, o quizás, si es necesario, diseñar mayores y mejores incentivos para ello.

José David Name Cardozo
Senador de la República

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