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Análisis

La arquitectura de la regulación financiera en Colombia

Ha llegado la hora de revisar la arquitectura regulatoria y de la supervisión prudencial, empezando por darle autonomía a la Superfinanciera.

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septiembre 26 de 2018
2018-09-26 08:39 p.m.
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El inicio de un nuevo gobierno puede ser un momento propicio para formular algunas preguntas sobre temas estructurales que tienen que ver con la organización del Estado, y más precisamente, con la arquitectura de la regulación y la supervisión del sector financiero en Colombia.

Para los que creemos –no por fe, sino por experiencia– que las instituciones importan, y que como se estructuran y trasmiten las intervenciones del Estado a la economía y al sector financiero son temas de mucha enjundia, no solo en tiempos de paz, sino, más importante, en épocas de crisis.

La primera reflexión surge de una discusión sobre algunas recomendaciones que se le hicieron al Congreso de Estados Unidos para reformar las funciones de la Reserva Federal (Fed) en la poscrisis financiera. El Gobernador de la Reserva Federal de entonces, Ben Bernanke, se pregunta en su libro El valor de actuar, memoria de una crisis y sus secuelas (2008-2011), cuál debe ser el papel del banco central en cuanto a la regulación y supervisión prudencial del sector financiero, y de forma muy pertinente se pregunta que, cómo es posible que se le quiera excluir en algunas de las propuestas de reforma de los temas de la regulación y supervisión prudencial, siendo el prestamista de última instancia el que, en casos de emergencia, le da apoyo financiero a los bancos solventes, pero con necesidades urgentes de liquidez. Cabe mencionar que las instituciones financieras quiebran cuando se les agota la liquidez y no el capital. De ahí la importancia de la liquidez inmediata.

Bernanke decía que “el Fed ofrece una mezcla única de experiencia que no puede ser replicada en el corto plazo o quizá nunca, en una nueva agencia encargada de la estabilidad financiera. Además, para prestar la función de prestamista en situaciones de emergencia de liquidez durante un pánico financiero, necesita entender tanto las fuerzas del pánico, como las condiciones de los bancos que puedan acudir a tomar préstamos, para lo cual, el Fed necesita jugar algún papel en supervisar las instituciones financieras. La tendencia global en la poscrisis fue la de darle a los bancos centrales más, no menos, responsabilidades en materia de supervisión bancaria y estabilidad financiera”.

En Colombia, la regulación de todo el sector financiero reside en la Unidad de Regulación Financiera (URF) del Ministerio de Hacienda, la cual opera en condiciones de ‘pobreza franciscana’, con personal escaso, muy joven y con poca experiencia directa sobre los temas que regula. El Banco de la República solo tiene funciones limitadas sobre algunos aspectos de la regulación en moneda extranjera. La Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) es el supervisor prudencial consolidado de casi todos los intermediarios financieros, y el Fogafin opera como agencia de seguro de depósitos y (incipiente) agencia de resolución de entidades financieras.

En nuestra sabiduría criolla, el Decreto 1954 de octubre 7 del 2014 modifica algunas funciones del Comité de Coordinación del Sector Financiero, con participación de las cuatro agencias antes mencionadas, encargándole al Viceministro Técnico, del Ministerio de Hacienda, la Secretaría del Comité, la cual debe efectuar las investigaciones y simulaciones de lo que puede ocurrir en escenarios de estrés, entre otras tareas. Este Comité dista mucho de ser un comité de estabilidad financiera, de acuerdo a las mejores prácticas internacionales, y es solo un foro (talking shop) para intercambiar opiniones sobre la situación del sector. Es paradójico que el Banco de la República, que tiene el personal capacitado y los recursos para mirar al sector financiero en su conjunto y efectuar investigaciones sobre los temas de estabilidad financiera no sea el que lidere el análisis del sector.

En síntesis, el prestamista de última instancia en Colombia (el Banco de la República, única entidad con real independencia del sector publico (Ejecutivo) protegida a nivel constitucional– no tiene ningún rol sobre la mayoría de los temas regulatorios y prudenciales, y únicamente tiene acceso, más bien marginal, al conocimiento de la información, evaluación y análisis de la situación del sector y de intermediarios financieros individuales que lleva a cabo y guarda celosamente la SFC.

Con ello tenemos que el regulador (URF) y el supervisor prudencial (SFC) –que están sujetos al control político del Ministerio de Hacienda– juegan un papel predominante en el sector, mientras que el prestamista de última instancia no tiene un rol significativo en su evaluación y en el conocimiento de la situación financiera particular de los grandes bancos comerciales.

La arquitectura de la regulación y supervisión financiera en Colombia ameritan una reforma de carácter preventivo, pero con cierta urgencia, entre otras cosas, porque hoy el país tiene más responsabilidades transfronterizas en el sector financiero. No sobra decir que los bancos colombianos con importancia sistémica, están expuestos en Centroamérica debido a las inversiones de 12 billones de dólares que hicieron para adquirir la mayoría de los grandes bancos comerciales de esa región, controlando 82 billones de dólares en activos (alrededor de una cuarta parte de los activos totales de los grandes bancos colombianos), que operan en países con una regulación y supervisión prudencial, en general débiles, lo cual expone a la banca colombiana y a nuestras reservas internacionales en caso de crisis.

Por anterior, en mi opinión, ha llegado la hora de revisar la arquitectura regulatoria y de la supervisión prudencial, empezando por darle autonomía a nivel constitucional a la SFC, como ocurre en Perú con la Comisión Bancaria, y un papel más significativo en el sector al Banco de la República, más allá de manejar la política monetaria, el sistema de pagos y las reservas internacionales. Como lo argumentaba Bernanke en el caso de la Fed, no parece lógico que el Banco de la República sea un expectador sin un rol principal en el sector financiero, hasta que lo sorprendan en casos de dificultades sistémicas o de falta de liquidez de bancos individuales, con demandas por liquidez como prestamista de última instancia.

Fernando Montes Negret
Consultor financiero

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