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La condición ambiental para acceder a los mejores mercados

El ingreso de Colombia a la Ocde, con la credencial de su tributación ambiental, es un paso decisivo para su acceso real a los mercados de capital.

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agosto 19 de 2019
2019-08-19 03:12 p.m.
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La nueva presidenta de la Comisión Europea, la médica Ursula von der Leyen, madre de siete hijos, quien hasta hace poco tiempo era la titular del ministerio de la Defensa de Alemania, anunció que la máxima prioridad de su mandato, por encima de cualquier otra consideración, consistirá en velar por el establecimiento en dicha jurisdicción de políticas públicas comunitarias amigables con el medio ambiente.

En pos de ese cometido, trazó como elementos centrales de su programa de gobierno la creación de un nuevo impuesto fronterizo al carbono a la entrada del mercado del viejo continente (EU carbon border tax), el compromiso de convertir su territorio en carbono neutro para el año 2050 (carbon neutrality), al igual que la determinación del Reino Unido y la suscripción de un tratado o acuerdo ‘verde’ de inversiones (green deal on investment) antes de los primeros 100 días del ejercicio de su cargo.

De otro lado, el primer conglomerado minero del mundo, la compañía BHP Billiton, producto de la fusión entre la australiana Broken Hill Proprietary y la británica Billiton, fijará a partir del próximo año metas públicas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de sus productos, aún después de que hayan sido vendidos.

Luego de tal propósito, invertirá durante el siguiente lustro 400 millones de dólares en la investigación y desarrollo de nuevas respuestas al cambio climático, entre ellas la captura y almacenamiento de carbono y otras innovaciones, como la captura directa de este elemento desde el aire, y atará de manera rigurosa la remuneración de sus ejecutivos al cumplimiento de compromisos de índole ambiental.

Su presidente, Andrew Mackenzie, sostiene que semejante apuesta es totalmente coherente con el ánimo de lucro de la empresa, al prepararse para cumplir las exigencias ambientales de los consumidores de las naciones más prósperas del planeta.

A manera de ilustración, subraya que grandes soluciones del calentamiento global, como la electrificación del transporte, requieren más productos derivados de la minería que antes. En efecto, los motores eléctricos contienen 80 por ciento más cobre que los de combustión interna.

Por otra parte, Volkswagen les ha ordenado a sus 40.000 proveedores de partes y piezas reducir sus emisiones poniendo en marcha estrictas disciplinas ecológicas, so pena de perder sus contratos de suministro.

A su turno Cargill, el más grande productor del mundo de carne molida para hamburguesas y el principal procesador de ganado bovino, se ha comprometido a disminuir sus emisiones de metano provenientes de su actividad y de la de sus proveedores en una tercera parte en 10 años.

Similar compromiso asumió Tyson Foods, el mayor distribuidor de carne empacada de los Estados Unidos. No obstante, la organización no gubernamental Greenpeace asegura que tales esfuerzos aún son insuficientes para aliviar el enorme daño ecológico de la ganadería.

Desde el ángulo de los más grandes fondos de inversión privados y públicos, la presión de sus administradores a fin de incorporar métricas ambientales en sus matrices de decisión es notoriamente creciente. Un caso emblemático es el fondo soberano de Noruega, al que sus ciudadanos le están demandando incluir en sus criterios de selección de su portafolio la calificación en materia de prácticas de manejo sostenible de los recursos naturales.

Cabe recordar el informe Burdtland de 1987, que lleva por nombre el de la entonces primera ministra noruega Gro Harlem Burdtland, quien definió el concepto de desarrollo sostenible como aquel que “satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades”.

Colombia ha empezado a avanzar en esa dirección, gracias a la reciente implementación del impuesto al carbono, el cual, aunque todavía incipiente, le otorga valor de mercado a las emisiones y a su reducción. Un ejemplo es la empresa Prodeco, que está adquiriendo un millón doscientos mil certificados de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del proyecto BioRed del Pacífico, a un precio por tonelada de 4,8 dólares, a cambio del tributo, una modalidad de obras por impuestos, y cuyos beneficiarios directos son habitantes de esa región comprometidos con la conservación de bosques en pie, la reforestación y el abandono de la minería ilegal y los cultivos de coca.

Así mismo, Ecopetrol en junio pasado recibió la verificación oficial de la firma Ruby Canyon Engineering sobre la reducción de un millón sesenta y ocho mil trescientas noventa y cuatro toneladas de dióxido de carbono equivalente, que le permitirá emitir bonos ‘verdes’, cuyo registro se encuentra en trámite en Canadá.

Así las cosas, el ingreso del país a la Ocde, con la credencial de su tributación ambiental en desarrollo, una condición esencial para la membresía en este club privilegiado, constituye un paso decisivo para su acceso real y efectivo a los mercados de capital y de bienes y servicios más exigentes del mundo, pero a su vez los más apetecidos, comenzando por Europa.

Carlos Gustavo Cano
Exministro y excodirector del Banco de la República.

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