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Los costos del centralismo

Ya es hora de que en Colombia se implante un modelo de desarrollo que permita a todo el país crecer más homogéneamente. 

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junio 25 de 2020
2020-06-25 10:01 p.m.
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El oprobioso y nocivo centralismo de nuestro país está asfixiando cada vez más a las regiones de provincia. Cada Gobierno decide crear nuevas instituciones y/o convertir las existentes en Ministerios que, por cierto en los últimos años pasaron de ser doce a dieciocho, así como a crear Altas Consejerías lo que conlleva al nombramiento, siempre en Bogotá, de un gran número de funcionarios.

Y por supuesto, un ministro necesita uno o dos viceministros que a la vez requieren de asistentes y conductores, lo cual no era tan necesario cuando los asuntos a su cargo eran manejados por entidades como Inderena, Colcultura, Coldeportes y Colciencias.

Además se han creado numerosas instituciones mal llamadas descentralizadas. En realidad, la mayoría de sus funciones las ejercen Bogotá, obligando de esa manera a los habitantes de todas las regiones a trasladarse allá si desean ocupar esos cargos. Así, para lograr empleos dignos, los jóvenes que se van graduando de las universidades regionales deben inmigrar a la capital, generando un doble daño, pues ellos son precisamente los llamados a reemplazar en sus regiones de origen a quienes allí hemos forjado empresas y creado empleo, no pudiendo seguir con nuestra tarea, pues ni siquiera terminan pagando impuestos en los lugares en donde nacieron.

Esa es una de las principales causas de los insoportables trancones vehiculares que diariamente se presentan en Bogotá, lo que verdaderamente genera estrés para sus propios habitantes. Ni hablar del que le produce a quienes habitualmente nos vemos obligados a visitarla para pagar la obligada cuota de centralismo.

Pero tal vez la mejor muestra del existente y nocivo sistema centralista fue la norma que existió hasta la aparición del temible covid-19. Según ella, el tipo de exámenes requeridos para detectar la existencia de ese virus solo se podían practicar en un laboratorio de orden estatal, obviamente localizado en Bogotá, por lo cual el resultado de esas pruebas solo se conocían varias semanas después.

Afortunadamente, a raíz de la pandemia, hoy en día numerosos laboratorios y centros clínicos de diferentes ciudades fueron habilitados para realizar esas pruebas y sus resultados son entregados en pocas horas como me ocurrió a mí esta semana en la Fundación Valle del Lili de Cali. Sinceramente creo que esa es una de las mejores pruebas de que la descentralización es muy necesaria y conveniente para nuestra Nación.

Ya es hora de que en Colombia se implante un modelo de desarrollo que permita a todo el país crecer más homogéneamente. Así se podrá evitar que se presenten estos oprobiosos contrastes que existen actualmente entre las regiones que la componen.

Ese centralismo ha llevado a que las principales aerolíneas hayan escogido a Bogotá como sus centros de operaciones, obligándonos a los empresarios que queremos establecer negocios en otras ciudades, a pasar por la capital para llegar a cualquier otro destino. Esto dificulta nuestro propósito. Y muchas empresas con sede principal en Bogotá, optan por comprar allí los suministros para su operación nacional, en lugar de permitir que sus sucursales los adquieran localmente al mismo proveedor con el que han pactado precios especiales, y sin necesidad de aumentar los costos de transportarlos de la capital.

Ernesto de Lima
Presidente de la Organización De Lima
ernesto.delima@delima.com.co

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