Otros Columnistas

¿Futuro fragmentado?

Corría el año 1467. En la península Ibérica, conocida como España, se presentaba uno de los años más sangrientos de la historia de la humanidad.

Otros Columnistas
POR:
Otros Columnistas
enero 13 de 2019
2019-01-13 03:48 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Corría el año 1467. En la península Ibérica, conocida como España, se presentaba uno de los años más sangrientos de la historia de la humanidad.

Las disputas para la legitimación del poder por los territorios ibéricos se centraban en los líos feudalistas de los nobles adinerados que buscaban una estabilidad económica en la región, casando a sus hijos con otros nobles dueños de otros reinos, buscando afianzar la confianza heráldica de sus descendientes y acompañándose los unos a los otros de obispos y arzobispos que cada uno por su lado, se declaraba enviado del vaticano.

Navarra, Cataluña, León, Portugal, Castilla, Aragón, Sicilia, la Galia y hasta las coronas del Mediterráneo, pasaban a ser territorios belicosos llenos de cargas tributarias para los del común, donde la comida escaseaba y las leyes de usura aumentaban más y más.

Según el historiógrafo F. Soldevila, la iglesia pasaría de estar en una prolífica era de construcción de ermitas y catedrales a una pérdida constante del poder eclesiástico declarando herederos de coronas inexistentes a cualquier noble con dinero y apoyando uniones entre príncipes que ni si quiera habían cumplido la mayoría de edad, lo cual era permitido.

A su vez, al norte de la península los judíos trabajaban con nobles cristianos en sus propias empresas militares recaudando carteras comerciales y al sur, con emires y caudillos musulmanes, ayudándoles en las gestiones comerciales del trueque de especias del mediterráneo donde aún eran los dueños incluyendo parte del norte de África.

Los reinos musulmanes al sur de la península, también estaban fragmentados política y económicamente. Después de haber pasado por las conquistas Almohades y Almorávides, se formaron los reinos Taifas, donde cada rey se autoproclamaba emir o sultán según su conveniencia territorial. Las Taifas de Badajoz, Zaragoza y Toledo eran las más grandes y la ultima en ser conquistada fue la de Granada el 2 de enero del año 1492 por los reyes católicos arrebatándole a Boabdil el poder.

De toda esta fragmentación de poder, quien sufrió la mayor parte fue la plebe. Las constantes reformas financieras a las que el pueblo era sometido produjeron hambrunas que incidieron en la demografía y un déficit fiscal afectando la administración de los recursos económicos del territorio Ibérico. Impuestos como la alcabala y las tercias reales, se convirtieron en planes de reformas tesoreras para intentar estabilizar reinos comandados por un sinnúmero de dirigentes.

Cuando se unieron los reinos de Castilla y Aragón en un matrimonio que superaría los estamentos diplomáticos, lo hicieron bajo un solo objetivo: la unidad de la fe expulsando a musulmanes y judíos de sus territorios. Esto, teóricamente ayudaría a unificar el territorio en una sola religión y a estabilizar económicamente una península fragmentada.

Hoy en día, pareciera que estas fragmentaciones territoriales están regresando en los que intereses independistas como el Brexit, la separación de Cataluña con España, la perdida de territorio marítimo colombiano ante la Haya y la construcción de un muro en la frontera americana con México, recuerdan aquel siglo XV en el que todos querían ser uno, pero a la hora de la verdad, el bien individual prevalecía sobre el colectivo. ¿Será que estamos ad portas de un futuro fragmentado?


Luis Felipe Chávez Giraldo
Historiador

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado