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No hemos entendido la economía colaborativa

Las empresas están aprendiendo de las startups la capacidad de innovar, y estas deben aprender sobre autoregulación y buenas prácticas

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julio 29 de 2019
2019-07-29 10:00 p.m.
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El espíritu de la economía colaborativa se basa en plataformas con usuarios que buscan prestar, alquilar, comprar o vender productos que algunos tienen en desuso, y otros necesitan. Este es el principio básico de todas las plataformas digitales que promueven ‘dinero extra en tiempo libre’ como la popular Rappi, Uber, Domicilios.com, Airbnb, entre otras múltiples ofertas y servicios existentes.

Sin embargo, la utopía de la economía colaborativa en Colombia se está configurando con un coctel peligroso que está apunto de detonar una gran crisis laboral y de comunicación para las plataformas existentes.

Cuando se tienen niveles de desempleo en dos dígitos, inmigrantes venezolanos buscando cualquier tipo de trabajo, mano de obra no calificada, y sumado a ello, la pobre educación y cultura en movilidad, el resultado no es distinto a la fotografía que tiene la opinión pública sobre Rappi en la región.

Los problemas para estas plataformas seguirán en aumento si no se entiende que las mismas no son una opción de empleo formal, porque como lo mencioné anteriormente, el principio básico es hacer dinero extra en tiempo libre.

Así las cosas no le viene nada bien a estas plataformas que políticos o empresarios las mencionen como los ejemplos de emprendimiento que pueden generar el empleo que necesita el país. Desde el desconocimiento, estas opiniones legalizan algunos aspectos que están en limbos jurídicos, y refuerzan lo que no es la economía colaborativa.

Pese a las diferentes manifestaciones que puedan provocar este tipo de plataformas, las mismas seguirán creciendo aceleradamente como ha venido sucediendo porque la demanda existe y la mano de obra no calificada que busca una opción de ‘rebusque’ también. Sin embargo, la reputación no puede dejarse a la deriva, o no puede gestionarse solo para que otros emprendedores, empresarios o inversionistas hablen bien.

El reto reputacional que tiene Rappi en este momento es clave porque están a tiempo de tomar todas las medidas y gestionar desde la comunicación un perfil reputacional que los mantenga como el ejemplo de emprendimiento colombiano basado en un modelo de economía colaborativa que se está tomando el mundo.

Como todo emprendimiento con modelo de capital de riesgo, con apuesta a generar ganancias en el largo plazo, una organización como Rappi debe trabajar en la fidelización, no solo desde el mercadeo ofreciendo suscripciones, productos y servicios, también deben trabajar en la opinión que se tiene de ellos como organización.

Porque no puede suceder que cuando esté lista para obtener ganancias, posiblemente sus usuarios estén migrando a otras iniciativas que escucharon mejor el entorno y actuaron consecuentemente.

Una de las desventajas de la economía colaborativa está en las prácticas de contratación que como es evidente están lejos de las prácticas convencionales. Ante este vacío jurídico, los emprendedores aprovechan para generar ganancias ocasionales que en el largo plazo les afectan el activo más importante, la confianza.

El crecimiento y la sostenibilidad de estos negocios requiere que ellos pongan sobre la mesa propuestas de autorregulación para evitar que la mala interpretación del modelo económico afecte la reputación de las mismas.

Las grandes corporaciones están aprendiendo de las startups la capacidad de innovar, y las startups deberían aprender de las grandes corporaciones, la capacidad de autoregularse, y las buenas prácticas para consolidar una reputación sostenible en el mundo hipercontectado.

Jhan Rivera
Director Monodual
jhan@monodual.com

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