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El mundo de Biden lucirá muy similar al de Trump

Partidarios y críticos esperan que su administración marque el comienzo de grandes cambios para el mundo. Pero esto es poco probable ¿Por qué?

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diciembre 21 de 2020
2020-12-20 07:00 p. m.
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Joe Biden será el próximo presidente de Estados Unidos, para consternación de millones de estadounidenses y el deleite de muchos otros. Tanto sus partidarios como sus críticos esperan que su administración marque el comienzo de grandes cambios para el mundo. Pero esto es poco probable que suceda, y hay varias razones para ello.

Comienzo con la situación interna de Estados Unidos. Las elecciones de noviembre demostraron una vez más que este es un país que está más profundamente dividido que cualquier otra democracia avanzada, un problema particular para una nación que se supone que lidera el orden mundial también en el extranjero.

La izquierda contra la derecha, el ‘stablishment’ frente al anti-‘stablishment’, la población preocupada por la pandemia versus los escépticos, etc. Estas divisiones han dado lugar a una clase política y un público estadounidense que está menos interesado en ser el policía mundial y por la intervención militar que eso requiere. Estas mismas divisiones políticas también han afectado el apetito público en Estados Unidos por el libre comercio, ya que los grupos de presión en el país se han centrado más en asegurarse una porción de la torta de la economía global para ellos mismos que en aportar para que esa torta sea mayor para todos.

El resultado de esto es un público estadounidense que ya no está interesado en el tipo de liderazgo mundial que Estados Unidos ofreció en la segunda mitad del Siglo XX en distintos frentes como la economía o la seguridad. Aunque Biden demostrará ser una figura menos divisoria y controvertida que su futuro predecesor, estos son desafíos estructurales que ningún presidente de Estados Unidos podría abordar de manera realista en un solo periodo presidencial (o incluso en dos).

Pero incluso si el público y el ‘establecimiento’ político de EE. UU. estuvieran interesados en que el país mantenga su papel de liderazgo global, el mundo en sí mismo ha cambiado tan tremendamente desde finales del Siglo XX que realmente esto no haría la diferencia. La Unión Europea sigue obsesionada con sus propias divisiones internas, como siempre: dejando a un lado las negociaciones del Brexit, la última gira en torno a Hungría y Polonia, que intentaron frenar el proceso del Fondo de Recuperación por objeciones políticas a las disposiciones del ‘estado de derecho’. Asimismo, Rusia sigue siendo un país en declive que considera más valioso complicar las cosas para otras potencias geopolíticas en lugar de trabajar de manera constructiva con ellas.

Y luego está China: una potencia mundial que se hace más fuerte, pero que discrepa fundamentalmente del orden democrático liberal que dio forma al Siglo XX. Pero China no está en posición de crear un orden mundial propio (al menos no todavía), pues sus modelos políticos autoritarios y capitalistas de estado han demostrado ser mucho menos atractivos como posible producto de exportación que como lo fue la democracia de libre mercado en el Siglo XX.

El resultado es un orden mundial liberal en declive que continúa luchando por adaptarse a una China en ascenso, que lo fractura aún más.

Finalmente, están aquellas instituciones multilaterales (como la Otan, la OMS y el Consejo de Seguridad de la ONU) que hacen que nuestro orden global funcione mejor de una manera conjunta. Durante sus cuatro años en el cargo, Donald Trump identificó correctamente las fallas de estas instituciones y las explotó para sus propios fines políticos al interior de Estados Unidos, aunque hizo poco para corregir alguna de ellas. El corazón central del asunto es que estas instituciones reflejan mejor la dinámica de poder de 1950 que de 2020; y cuando se agrega el hecho de que muchos de los desafíos a largo plazo que son más urgentes del mundo hoy en día –el auge de China, los ataques cibernéticos, el cambio climático, la guerra con drones y los problemas de privacidad de datos, por nombrar solo algunos– ni siquiera existían cuando estas instituciones fueron creados originalmente, se empieza a comprender el alcance de este problema.

Biden ciertamente ayudará expresando su apoyo y financiando los esfuerzos multilaterales para abordar estos desafíos, pero estas instituciones necesitan reformas estructurales e integrales, una tarea abrumadora en circunstancias normales, y mucho más en medio de una pandemia mundial. Este es un desafío para una generación de políticos, no solo para la próxima administración presidencial de Estados Unidos.

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca es clave; dejando a un lado el muy necesario cambio en la retórica diplomática, el enfoque de Biden y la genuina urgencia de abordar el cambio climático serán muy bienvenidos. Y una vez en el poder, su equipo podrá trabajar con los aliados extranjeros afines para encaminar de nuevo al mundo hacia el tipo de reformas institucionales y cooperación que necesita desesperadamente.

Pero todo esto requerirá esfuerzo, dinero, compromiso e ingenio. También tomará paciencia y tiempo.

Ian Bremmer
Presidente de Eurasia Group y GZero Media, y autor de ‘Us vs. Them: The Failure of Globalism
@ianbremmer

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