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Para mejorar la calidad educativa

Hay cierto consenso en la literatura sobre el principal determinante de la calidad educativa, los profesores.

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mayo 06 de 2019
2019-05-06 09:23 p.m.
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En el marco del premio de investigación Luis Carlos Sarmiento Angulo, otorgado bianualmente por Anif, publicamos con Víctor Saavedra Los 10 pasos para hacer de Colombia la mejor educada de América Latina, un libro donde planteamos una hoja de ruta para reenfocar la política educativa del país. La tesis principal, bajo la cual se diseñan las demás estrategias, es que Colombia debe repensar el enfoque de su política educativa, desde la expansión de la cobertura hacia la mejora en la calidad del aprendizaje (Paso 1).

Mientras los logros en expansión del acceso no se reflejen en mejoras en la calidad, el esfuerzo en cobertura en será mayormente desperdiciado, en términos de competitividad y equidad. Dado que este proceso de aprendizaje sucede a partir de la interacción directa entre los alumnos y el profesor, la primera mitad del libro está dedicada a políticas destinadas a incidir en las dinámicas de clase.

Hay cierto consenso en la literatura sobre el principal determinante de la calidad educativa, los profesores. Por esto, tres de las diez estrategias se enfocan en ellos: atraer a los mejores para ser profesores (2), buscar la excelencia en la formación docente y en las herramientas pedagógicas de aula (3) motivar a profesores y rectores a través de una reforma a la carrera docente y el fortalecimiento institucional de los colegios (4). Un actor que usualmente queda por fuera del ámbito de política pública es precisamente el sujeto del proceso de aprendizaje, el estudiante. Por esto, es necesario adoptar medidas que permitan llevar alumnos motivados al aula (5) y las cuales han demostrado ser altamente costo-efectivas y lograr compensar las diferencias iniciales del contexto socioeconómico y familiar del cual provienen.

Abordadas las dinámicas de clase, pasamos a estrategias sobre aspectos más específicos. Las primeras dos se refieren al principio y final del ciclo educativo. Por un lado, la educación inicial, foco del actual gobierno, en la que hacemos un llamado a la reorganización de la institucionalidad (6), y, por otro, la educación media, verdadero embudo del sistema educativo colombiano y en el cual se concentran los problemas de deserción, extraedad y exclusión de la población vulnerable, donde abogamos por una expansión de la oferta y mayor pertinencia de las competencias enseñadas (7).

Pero más allá de propender por mejorar todo el sistema, el primer esfuerzo que debe hacer Colombia es reducir las brechas internas, en particular de las zonas rurales y en posconflicto con respecto a las urbanas, para lo cual diseñamos dos estrategias complementarias: fusionar escuelas pequeñas en grandes colegios en las regiones más densamente pobladas, y establecer metodologías flexibles en el rural disperso, donde resaltamos Escuela Nueva (8). En contraste, la expansión de la jornada única es una política costosa y de bajo impacto, por lo que proponemos hacerla de forma racional, aprovechando la infraestructura y reacomodando a los docentes existentes (9).

El pilar fundamental sobre el cual se desarrollan estas iniciativas es el uso eficiente de los recursos financieros del sistema (10), en el que proponemos una nueva fórmula de asignación de recursos descentralizados y propendemos por una mayor contribución de los presupuestos propios de las regiones. Como ven, la revolución educativa en Colombia sí es posible.

David Forero
Investigador de Fedesarrollo
davidfforerot@gmail.com

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