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Plan energético: un aporte a la discusión

Quedan sobre la mesa varias preguntas, entre otras: si el sector de energía debe asumir la totalidad de la reducción del 20% de los GEI. 

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enero 15 de 2020
2020-01-15 07:14 p.m.
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En diciembre, la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), lanzó el Plan Energético Nacional (PEN) 2020 - 2050. Un estudio de la oferta y demanda de energía en el país en el que, luego de un repaso histórico, examina escenarios y plantea recomendaciones para alcanzar y superar el compromiso de Colombia en la COP21 de reducir en 20% los Gases de Efecto Invernadero (GEI) a 2030 y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Vale la pena realizar un primer análisis.

El PEN indica que en las últimas cuatro décadas (1975-2018) el país ha experimentado cambios importantes en la canasta energética. En este periodo el incremento del consumo final de energía fue del 78%, y estuvo jalonado por el crecimiento de los sectores industrial y transporte, que pasaron de representar el 19% y 20% del consumo final a 24% y 43%, respectivamente. El sector residencial disminuyó de 46% a 22% y el de servicios pasó de representar el 7% al 6%.

Pero lo más interesante de este recuento es el cambio en la composición de la oferta, en especial por lo ocurrido con la leña, que pasó de representar el 41% de la totalidad de las fuentes de energía a un 8%. Un cambio significativo gracias a la decisión gubernamental de masificar el gas natural en especial en el sector residencial. En este tiempo creció el diesel, de un 4% a un 21%, por una política de precios diferenciales a favor de este energético.

La política energética hoy es otra. Ya no son el gas natural ni el diesel los que la UPME cree se deben impulsar, aunque considera que el primero seguirá jugando un rol clave en algunos sectores. Los dos escenarios planteados por la entidad se basan en la electrificación, a partir de fuentes no convencionales, sin ahondar en el rol que seguirán teniendo los fósiles como fuente primaria de energía, incluso como respaldo.

En materia de transporte, el PEN proyecta a 2050 un incremento en los eléctricos, en vehículos livianos, llegando a representar entre el 8% y el 16% con una reducción en gasolina motor. En transporte de carga se aprecia un alto potencial del Gas Natural Licuado, que podría llegar a representar el 37% en ese año. Donde se proyecta un cambio radical es en el transporte urbano de pasajeros, pues se espera que entre el 56% y 73% sea eléctrico.

Surge un primer tema de discusión. Estos escenarios parecieran descartar el gas natural en el transporte urbano de pasajeros y aspira a que sea principalmente eléctrico y no valora el impacto ambiental por la eficiencia en los motores de combustibles líquidos. Los buses a gas natural y eléctricos, por ejemplo, generan emisiones contaminantes similares. Por eso, descartar de plano el gas natural y GNL para estos vehículos amerita un mayor análisis.

En contraste, tiene todo el sentido promover la electrificación de los medios de transporte unipersonal como las motos, que representan el 57% del parque automotor del país. El estudio plantea además la electrificación de los taxis, en detrimento del gas natural, lo que debe analizarse. Hoy el 57% usa gasolina motor y el 43% gas natural. En el primer escenario (meta de COP21) se aspira a que el 42% sea eléctrico y un 29% a gas, y en el más ambicioso un 97% eléctrico.

En el sector industrial la situación es distinta. Colombia tiene, comparado con Latinoamérica y el mundo, la mayor participación de gas natural en su matriz energética: 35% frente a 22% y 20% respectivamente; y consume una proporción igual de carbón que el resto del mundo para este sector (29%). El estudio prevé un incremento importante en el uso del gas natural, del bagazo y de la electricidad, con una reducción continua del carbón mineral.

En el sector residencial, pese a la masificación del gas natural en varios centros urbanos y del Gas Líquido Propano (GLP) en el sector rural, la participación de las biomasas en el total de la matriz energética sigue siendo alto (41%), en especial por la leña. Aunque solo el 10,8% de hogares la utilizan, un porcentaje bajo comparativamente, equivale a 1,6 milllones de hogares en el país, sin perjuicio del impacto ambiental por el volumen de leña utilizada.

Estos datos, interesantes y oportunos, nos deben llevar a una reflexión final. Independiente de si los escenarios planteados son alcanzables e incluso realistas, el proponerse superar y con creces la meta país en reducción de GEI de la COP21, revela el interés de la UPME y del sector de ayudar a detener el cambio climático y mejorar la calidad del aire en las ciudades. Llama la atención que esa tarea histórica la asuma prácticamente solo el sector de energía.

Y llama la atención porque los GEI no provienen solo del sector energético, ni se eliminan declarando como paria una u otra fuente de energía. La deforestación es la responsable del 24% de los GEI a nivel mundial, ligada en el caso de Colombia a cultivos de coca y extracción ilegal de minerales. Para no ahondar en la ganadería, responsable del 58% de dichos gases en el país, de acuerdo con la FAO. Es decir, la mirada debe ser más amplia.

En buena hora la UPME presenta a consulta un plan energético. Un estudio importante, con datos y pocos adjetivos. Quedan sobre la mesa varias preguntas, entre otras: si el sector de energía debe asumir la totalidad de la reducción del 20% de los GEI, como pareciera, y cuál es y debe ser el rol de los combustibles fósiles en la transición energética. Y examinarlo con realismo, sin sesgos, pensando en el cambio climático, la autosuficiencia energética y la sostenibilidad fiscal.

Francisco José Lloreda Mera
Presidente de la ACP

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