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Análisis

¿Por qué no fuimos a Nueva Zelanda?

¿Por qué hubo un absoluto consenso en torno a la entrada de la Alianza del Pacífico entre Analac, Fedecooleche, Asoleche y Fedegan?

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septiembre 27 de 2018
2018-09-27 09:11 p.m.
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Es un hecho que a muchos sectores nos llena de tranquilidad, que el Ministro de Comercio anunciara que Colombia no asistiría a la reunión de la Alianza del Pacífico (AP) en Nueva Zelanda con los candidatos a Estados Asociados (Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur).

Claro, se dirán algunos, los lecheros son los más protegidos y los más ineficientes, cómo no van a estar contentos. Lo cierto es que el sector lechero en Colombia emprendió un camino hacia la apertura en los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y la Unión Europea.

El sector estará tan abierto a importaciones de leche en polvo y quesos (los productos transables del ramo), que en ocho y diez años las importaciones quedarán completamente libres. A Colombia le entran hoy 44.000 toneladas de lácteos al año.

Un número no desd***eñable de empresarios lácteos, al contrario de lo que se piense, hemos sido educados económica, gerencial y prácticamente en un mundo globalizado, entendiendo la importancia del comercio internacional; y comprendiendo lo que entendió Perú cuando empezó a exportar maíz y arroz, paprika, alcachofas, espárragos, entre otros, de manera contundente y sin afectar el mercado local. Al contrario, ampliándolo de manera muy importante.

Pero, ¿por qué hubo un absoluto consenso en torno a la entrada de la Alianza del Pacífico entre Analac, Fedecooleche, Asoleche y Fedegan? Porque simplemente creemos que el sector No está listo para más ampliaciones de importaciones.

Muchos dudan que podamos manejar los contingentes existentes, por eso protestan los campesinos. La verdad, a los sectores hay que prepararlos para las aperturas. ¿Qué se ha hecho para entrenar a los 300, 400 mil ganaderos para competir hacia afuera? Muy poco.

Una pequeña minoría creemos que el sector puede ser ampliamente competitivo: son tan bajas las cifras de productividad de la gran mayoría de esos ganaderos, pequeñas ganancias en inventarios por hectárea, litros por vaca y periodos abiertos (cuando las vacas no están preñadas y no dan leche), que nos parecería imposible no poder substituir esos 300M de litros que están entrando (5 por ciento de lo que producimos internamente) y volvernos exportadores. Y en grande, como lo ha hecho Perú.

Y por qué la mejor defensa es el ataque. En términos de producción láctea, hay dos tipos de países en el mundo: aquellos cuyo consumo los próximos 20 años crecerá más rápido de lo que puede aumentar su producción, y a la inversa. Entre los primeros están, claro, China e India, África y los países árabes; entre los segundos Europa, Estados Unidos, Oceanía, Argentina y Uruguay. ¿Dónde está Colombia? Claramente, entre los segundos. Pero no hemos prendido la fábrica.

Primero, entendamos que el mercado interno ofrece potencial (como lo ha demostrado en la última década, en la cual el acopio formal creció 50 por ciento), pero no más de 1 o 2 por ciento al año en adelante, mientras que el internacional (32.000 millones de dólares al año sin contar el intraeuropeo) parece infinito: si accediéramos a solamente al 1 por ciento de esa cifra, estaremos hablando de un billón de pesos en exportaciones, de los cuales, muy seguramente, la gran proporción iría directamente a los ganaderos, una ampliación del mercado en cerca de 20 por ciento de los 3 billones de pesos comprados formalmente en la actualidad.

Segundo: ¿qué necesitamos? Un diálogo fluido y franco entre los sectores que nos aterrice en la realidad del 2026 (cero arancel para las importaciones de productos lácteos de Estados Unidos) y 2028 (Unión Europea); pero una discusión guiada por economistas técnicos y capaces. Luego, una garantía de compra a los productores a través de la flexibilización del sistema de pagos al productor, por medio de acuerdos voluntarios ganadero-industria, de carácter nacional, al tiempo que se construya con ellos mismos la infraestructura fabril para exportar. Siguiente paso: capacitación y crédito finca a finca para aumentar el inventario ganadero y su buen manejo.

Reitero, ¿qué necesitamos? La voluntad de querer acceder a doblar el tamaño de nuestro mercado en las siguientes dos décadas. El 5 por ciento del mercado mundial al 2038, que deberá sobrepasar los 40.000 millones de dólares.

Por eso no fuimos a Nueva Zelanda, porque tenemos que organizarnos internamente. Y rápido, nos queda poco tiempo con los dos TLC ya firmados.

Carlos Enrique Cavelier
Presidente de la junta directiva de Alquería

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