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¿Qué debemos aprender los economistas de los dentistas y los plomeros?

Los economistas no podemos dejar de lado los detalles en la implementación de las políticas sociales y de inversión.

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diciembre 23 de 2018
2018-12-23 06:55 p.m.
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En una famosa cita Keynes señalaba, con algo de nostalgia, que “sería esplendido que los economistas algún día pudiéramos aceptar ser gente humilde y competente, al mismo nivel de los dentistas”. Si bien la arrogancia no debe ser una de nuestras características, el ser competentes sí debe serlo, si probamos por lo menos ‘curar los dolores de muela sociales’. Pero la realidad es que la economía no es una ciencia médica, ni física. La economía ha sufrido, por lo menos en los últimos cien años, de una especie de complejo de inferioridad frente a las ciencias ‘duras’, particularmente la física, inútilmente buscando ‘leyes inmutables’ que nos dieran la respetabilidad de las ciencias naturales.

Esta búsqueda es infructuosa por estar anclada la economía en las ciencias sociales, dependiendo del comportamiento, racional e irracional, de los agentes económicos, y en el caso de los inversionistas y los mercados financieros de los famosos animal spirits, de los cuales también hablaba Keynes. No podemos ignorar que la profesión se denominaba originalmente ‘economía política’ y no ‘economía’ a secas, ni que el primer libro que escribió el padre de la economía moderna (Adam Smith), antes de la Riqueza de las naciones", fue la Teoría de los sentimientos morales, un tratado de filosofía.

Esto no quiere decir que la economía moderna no haya logrado avances fenomenales en desarrollar nuevas herramientas, el uso de la lógica y las matemáticas a nivel teórico, y un mejor entendimiento de la operación de los incentivos, los comportamientos de los agentes económicos y del funcionamiento de los mercados. Ahora la propuesta es enfatizar aún más el empirismo y la experimentación en la aplicación de la política económica, y aprender más bien de los plomeros que de los dentistas para probar nuestra efectividad en ‘llevar el agua a la llave del usuario’ y los servicios sociales a los grupos más necesitados.

Efectivamente, una de las economistas jóvenes más destacadas es Esther Duflot, profesora de MIT y presidenta de la Asociación Americana de Economistas, quien en la prestigiosa conferencia en honor a Richard Ely (The Economist as Plumber, AER, 2017) señalaba la enorme responsabilidad y oportunidad que tenemos los economistas de ayudar a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y regulaciones. Dándonos la responsabilidad de acertar en el diagnóstico general (big picture) y en el diseño correcto. Pero, además, (…) la responsabilidad de enfocarnos en los detalles de su implementación”. Estos últimos deben basarse en la evidencia y en los detalles críticos, ya que el impacto final y el éxito de las políticas y las regulaciones dependen de una adecuada implementación. No es aceptable informar: ‘operación exitosa, paciente muerto’.

Duflot cita numerosos ejemplos en la entrega de subsidios (Indonesia), transferencias de fondos para la ejecución de obras públicas y programas de salubridad (India), en los cuales la complejidad teórica resulta ser de segundo orden de importancia, mientras que los aspectos prácticos de diseño y los detalles de implementación de las políticas tienen una importancia extraordinaria en determinar su éxito o fracaso. Por ejemplo, el acceso de los hogares al agua potable depende, en gran medida, en lograr su conexión a las tuberías, vía tarifas o préstamos subsidiados, y simplificar las regulaciones administrativas de ‘final de la línea’, así como en la forma que se le comunican a los beneficiarios los pasos finales para lograr el resultado buscado. Sin estas últimas, la experiencia ha demostrado que no se alcanza el objetivo final y la costosa infraestructura del acueducto puede quedar sin uso efectivo.

El logro de mejores resultados de la política pública implica, entonces, enfocarnos más en el ‘cómo’ hacer las cosas que en el ‘que’ hacer. La sociedad y la profesión de economistas se beneficiarán enormemente de adoptar el enfoque del plomero. Los objetivos pueden estar claros, pero hay que trabajar los detalles. Un sesgo profesional ha sido que el entrenamiento tradicional de los economistas en la construcción de modelos ha sido precisamente simplificar e ignorar los detalles. En política económica, un enfoque más tentativo, experimental y práctico, enfocado en lograr alinear de forma correcta los incentivos y diseñar los detalles de implementación, le ha faltado a la profesión para operar con éxito en un medio incierto y altamente estocástico.

Paradójicamente, quizá es el caso de Colombia de los ‘Bonos del agua’ del 2007, a los que les faltó ‘plomería’ y experimentación para evaluar las posibles deficiencias en su diseño y/o implementación para evitar el desvío o el mal uso (incluida la corrupción) de los recursos del Sistema General de Participaciones. La idea general era buena a nivel conceptual, al permitirle a los municipios pignorar parte de las participaciones e ingresos futuros para obtener recursos hoy para financiar obras básicas de infraestructura municipal. Pero aparentemente las cosas salieron mal.

Como dice Duflot, los economistas no podemos dejar de lado los detalles en la implementación de las políticas sociales y de inversión, bajo riesgo de que una buena idea resulte en un fracaso estrepitoso. La conclusión es que los responsables de la política económica necesitan ‘plomeros’ capaces de llevar a buen puerto las medidas y lograr el resultado efectivo esperado, y no simplemente delegar a otros expertos generalistas. No podemos quedarnos en las generalidades y el ‘pensamiento mágico’ de la política económica y social, ya que una buena idea no se implementa sola. Como lo señala Duflot, la falta de experimentación detallada lleva a los sesgos de las tres ‘ies’: ideología, ignorancia e inercia, todas apartadas del mundo real.

Para terminar con optimismo, el entrenamiento que nos da la disciplina económica nos prepara para ser también buenos ‘plomeros’, particularmente estudiando la economía del comportamiento de los individuos y las empresas y el entendimiento del papel de los incentivos, entre otros, pero debemos, conscientemente, proponernos aprender de los ‘plomeros.

Fernando Montes Negret
Economista financiero

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