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Elecciones en Israel

Las elecciones en Israel son una demostración más de la tendencia mundial de elegir a políticos que representan el autoritarismo.

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abril 11 de 2019
2019-04-11 09:15 p.m.
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El primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, tiene varios cargos en contra de él por soborno. Aun así, su partido (Likud de derecha) acaba de salir fortalecido de las elecciones del pasado 9 de abril, con 5 escaños más que en las anteriores. Y con los partidos religiosos y de la extrema derecha, no hay duda de que formará el próximo gobierno. Su quinto periodo, el cuarto consecutivo, siendo así el primer ministro más longevo de la historia de ese país.

A pesar del gran resultado de su oponente, el exgeneral y novato político Benny Gantz, que ahora pasará de haber liderado al ejército de Israel a dirigir a la oposición. Su nuevo partido, denominado ‘Azul y Blanco’, consiguió los mismos escaños que el Likud (35) en sus primeras elecciones. Pero los votos provienen de los partidos de centro-izquierda, lo que no le permitirá tener las mayorías parlamentarias.

Así las cosas, Netanyahu gobernará de nuevo con los ultraortodoxos, lo que aleja cualquier solución de los ‘dos estados’ (el israelí y el palestino) y no pareciera permitir una solución al conflicto entre estos dos pueblos en el corto plazo. Más aún, en su campaña sugirió la posible anexión de la banca occidental, hecho que significaría una posición retadora antes sus potenciales aliados árabes, Egipto y Saudi Arabia. Este hecho, muy seguramente, crearía una nueva inestabilidad en la región.

Netanyahu es un político de vieja guardia, con una enorme habilidad mediática. Le gusta fotografiarse con Trump y Putin, señalando su tendencia de líder autoritario. Ha venido estableciendo posiciones cada vez más extremas frente a la población árabe, y hasta ganando en rasgos racistas. En esta campaña se ha presentado como pilar de la continuidad, lo que le ha permitido mantener y ganar votos de la derecha, a pesar de sus cuestionamientos legales. La población eligió a favor de un líder conocido, con un carisma especial, sin darle mayor importancia a la corrupción que se le atribuye.

Las elecciones también fueron un plebiscito a favor de la continuidad económica. El país viene creciendo por encima del 3 por ciento con baja inflación. El PIB per cápita es superior a los 38.000 dólares, por encima de España. Y los últimos años han estado caracterizados por el desarrollo exitoso de una industria de alta tecnología. Se trata, sin duda, de un pequeño ‘milagro’ económico admirable.

En la campaña, el primer ministro actual y futuro, fue ayudado por el presidente de Estados Unidos. En un movimiento, que no se entendió en su momento, dada la poca relevancia estratégica, Trump reconoció la soberanía israelí sobre el Golan. Y ya meses antes, había trasladado la embajada a Jerusalén, ese sí un paso más que simbólico, de relevancia ante la importancia de la ciudad dorada para las tres religiones (cristiana, judía y musulmana) que en ella cohabitan de manera pacífica.

Las elecciones en Israel son una demostración más de la tendencia mundial de elegir a políticos que representan el autoritarismo, una visión simplista del mundo, y que establecen el ‘nosotros contra ellos’ como base de su campaña política. Lo complicado, en ese país, como en tantos otros, es que esas posiciones más que crear confianza y seguridad, parecieran resultar en volatilidad, incertidumbre y profundización de los conflictos. Algo que en esa parte del mundo, y dadas las consecuencias que se puedan derivar, resulta preocupante.

Rafael Herz
Vicepresidente de la ACP

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