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Empresa y medioambiente

Las compañías deben incorporen la variable ambiental en su tablero y sistema de gestión como aspecto clave para
el éxito a futuro.

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mayo 23 de 2019
2019-05-23 10:04 p.m.
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En el siglo 21, a nivel mundial, existe una nueva conciencia ambiental. Gran parte del siglo 20 estaba caracterizada por la necesidad de generar desarrollo, empleo y riqueza. La eliminación de la pobreza absoluta y la generación de una mayor clase media, eras las consignas. Si bien eso sigue teniendo relevancia en la actualidad, la sostenibilidad ambiental ha recobrado mayor importancia.

Las nuevas generaciones reclaman la protección de ‘su’ planeta, y de los recursos naturales. Desde la perspectiva de nuestro país, son varios los temas centrales. Por un lado, la adaptación y, sobre todo, la mitigación de los efectos del cambio climático. Colombia, por su dependencia de la generación hidroeléctrica y su ubicación geográfica, es particularmente vulnerable a los efectos del calentamiento global.

Por otro, uno de los flagelos que más afectan al país, es la deforestación. La pérdida de más de 150.000 hectáreas de bosque solo en la Amazonia, son señal de alarma. El fenómeno de la deforestación tiene implicaciones ambientales y efectos económicos y sociales, al afectar las fuentes de ingreso de las comunidades rurales. Los efectos climatológicos de la pérdida de la cobertura boscosa, redunda en inundaciones, daño de cosechas, y mayor desempleo en el campo colombiano.

Y aquí viene la responsabilidad empresarial. Por primera vez, en las metas definidas en los acuerdos de París para combatir el cambio climático, se incluyeron requerimientos para el sector privado. Más aún, las compañías pueden y deben ser los llamados a colaborar con el Estado en implementar proyectos y programas que permitan reducir los efectos de sus operaciones en el medioambiente, y a financiar proyectos de sostenibilidad ambiental.

En desarrollo de una nueva visión de gestión nos ha llegado el llamado a desarrollar e implementar mecanismos de ‘economía circular’. El aspecto central es crear mecanismos para el manejo y la reducción de residuos, así como innovar alrededor de del uso de materiales y del recurso hídrico. El concepto de circularidad redunda en reúso y disposición correcta.

Son varios los beneficios que se derivan para las empresas de una actuación ambientalmente responsable. No son solo aspectos de relacionamiento con gobierno o comunidades, o consideraciones para mejorar la reputación. También, es la imperiosa necesidad, como ciudadanos corporativos responsables, de incorporar la contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible como propósito empresarial.

Hoy, la financiación a través de ‘bonos verdes’ (bonos que están destinados a financiar proyectos o empresas con claros indicadores de mejora en las condiciones ambientales) redunda en menores gastos financieros y mayores posibilidades de colocación de instrumentos financieros. Para empresas que son emisoras de valores, además, una gestión responsable con el medioambiente se traduce en mayor cotización de la acción. Muchos inversionistas internacionales requieren de índices de sostenibilidad para invertir en deuda y/o capital de los emisores.

Como, ante tantos otros temas de la actualidad, no es la polarización y el fanatismo el que permitirá solventar los retos ambientales a futuro. Es el reconocimiento por parte del sector ambiental que el ramo empresarial es fuente de recursos y gestor de programas y proyectos de sostenibilidad ambiental. Y, es la necesidad de que las empresas incorporen la variable ambiental en su tablero y sistema de gestión como aspecto clave para el éxito a futuro. Es un tema de colaboración y diálogo, y no uno de confrontación.

Rafael Herz
Vicepresidente Ejecutivo de la ACP

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