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Tecnología sin brechas

La tecnología, al tiempo que destruye empleos, también los genera. El problema es dónde se generan esos nuevos. 

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enero 31 de 2022
2022-01-31 10:55 p. m.
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Las revoluciones industriales, como las conocemos, tienen la característica de durar cada vez menos e ir a un ritmo cada vez más acelerado. La pandemia, como un punto crucial de la historia reciente, se ha encargado de que este proceso sea aún más rápido. De hecho, ya se comienza a hablar de la Quinta Revolución Industrial, y ni hemos terminado de entender la Cuarta.

El panorama a 10 años promete ser profundamente disruptivo y obliga a que actuemos cuanto antes. Según McKinsey, la adopción de inteligencia artificial (IA) puede elevar el PIB global hasta en US$ 13 billones para 2030. Entonces estamos en un contexto dinámico que no se puede parar, sino que se debe asumir con determinación.

La crisis que hemos vivido en los últimos dos años puso de manifiesto la necesidad de que las empresas integren procesos innovadores, donde la tecnología dejó de ser una opción y se volvió una necesidad. Este impulso ha eliminado algunas de las barreras del pasado que limitaban el desarrollo pleno de la Cuarta Revolución Industrial. Al final, la pandemia sirvió como un catalizado, llevando a muchas empresas a iniciar procesos de transformación digital.

Ahora bien, este contexto, nos marca brechas que tenemos que superar para lograr una reactivación completa, en la que todos los actores tengan cabida: gobiernos, empresas de todos los tamaños, sector académico y ciudadanos.

Uno de esos temas donde hay que hacer mayor hincapié es en el empleo. Pues la tecnología, al tiempo que destruye empleos, también los genera. El problema es dónde se generan esos nuevos. Según Mckinsey, para 2030 entre el 3% y el 14% de la fuerza laboral del planeta trabajará en nuevas ocupaciones, muchas de las cuales aún no existen. Entonces debemos tratar de mitigar los efectos de esta revolución tecnológica en la profundización de brechas sociales y económicas.

Al tiempo, las que mezclaron la priorización de la tecnología con un amplio capital disponible, fueron las que se pudieron adaptar más fácilmente al nuevo contexto. Pero las organizaciones que viven del día a día, cuyo flujo de caja no puede proyectarse al largo plazo y que no contemplan la digitalización de procesos como un asunto prioritario, son las que más apoyo necesitan del ecosistema.

Según la medición de 2017 del Observatorio Digital, las brechas digitales entre grandes empresas y pymes era de 16 puntos y, para microempresas, de 24 puntos. Si no actuamos sobre las organizaciones de menor tamaño, esta situación podría agudizarse.

Y mientras tanto, seguimos teniendo el reto de entender, estudiar y terminar de comprender qué implica la Cuarta Revolución desde lo social y económico. Se trata de un paso que ya venimos dando y que va decantando estos retos globales a nuestro contexto nacional. Dejar de ver esta realidad como algo ajeno sino que tiene impacto aquí, y que nos dará herramientas para darle una nueva mirada para aprovechar sectores como la agricultura, la manufactura o el sector creativo colombiano.

IVÁN CASTAÑO
Director ejecutivo de Ruta N.

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