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Un muro treinta años después

Hoy, en Berlín, ya no se destacan las diferencias entre un lado y el otro, la ciudad es una sola. 

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febrero 24 de 2019
2019-02-24 04:50 p.m.
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Hace 30 años, en noviembre de 1989, cae el muro de Berlín. Una barrera que durante casi tres décadas separó familias y amigos. Ese muro, construido por el régimen socialista de la llamada República Democrática Alemana, trató de evitar la huida de sus ciudadanos desde un país con carencias y así defender una sociedad con limitaciones materiales.

La ciudad emblemática de ese muro fue la antigua, y hoy reestablecida capital de Alemania. Esa muralla de la ‘vergüenza’, como fue llamada, implicaba que una misma ciudad estuviera dividida en dos. Una, Berlín occidental, símbolo del mundo capitalista y formada por los tres sectores de los aliados occidentales vencedores en la Segunda Guerra Mundial, el francés, el americano y el británico. La otra, era Berlín oriental, representada por el sector soviético de la posguerra.

En las pocas visitas de parientes de Berlín Occidental a Berlín Oriental, se despedían bajo llanto. Uno de los lugares de dichas separaciones fue llamado el Palacio de las Lágrimas, el cual se convirtió en un símbolo de la crueldad de la separación por una barrera física.

Pocos meses después de construido dicho muro, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín occidental y en un famoso discurso de expresión de solidaridad, señaló en una frase en alemán, que todos los humanos defensores de la libertad, se deben llamar ‘Berlineses’ y señaló “Ich bin ein Berliner?” (Yo soy un berlinés).

Hoy, otro presidente estadounidense aboga por la construcción de un muro para “defender” su frontera de la inmigración ilegal. Del rechazó de la sociedad americana por la separación física entre seres humanos, ahora, en cabeza de su primer mandatario, se está haciendo todo lo posible por construir esa barrera. ¿Un nuevo ‘muro de la vergüenza’?

Desde la campaña electoral, Donald Trump especificó que esa era la única forma que el contemplaba para alejar a los inmigrantes ilegales, considerados por él un problema central, a diferencia de la realidad histórica que representaron los inmigrantes en el desarrollo económico y cultural de ese país.

Tan central ha sido su propuesta, que aceptó el cierre del gobierno federal de Estados Unidos durante varias semanas para lograr que la oposición demócrata aprobará el presupuesto para construir dicho muro. Si bien la discusión presupuestal al respecto aún continúa, para la administración Trump se ha convertido en un aspecto no negociable.

Es cierto que el muro de Berlín se construyó para evitar la salida de los alemanes que vivían en condiciones peores a su vecino capitalista, cuya sociedad era rica en términos comparativos. A diferencia, el muro que pretende construir Trump, es para evitar que los inmigrantes que viven en condiciones de pobreza en sus países, puedan participar del sueño americano y de las posibilidades de una sociedad afluente.

Pero esa diferencia se opaca, cuando un país considera que sus valores deben ser defendidos por la misma muralla de separación y distanciamiento, que fue tan criticada en su momento en defensa de los valores de libertad y oportunidad que constituyen el sueño americano.

Hoy, en Berlín, ya no se destacan las diferencias entre un lado y el otro, la ciudad es una sola. Ese propósito y valor de una sociedad moderna, reducir discrepancias y diferencias, va en contravía de lo propuesto por el actual Presidente americano. Cómo han cambiado los valores representados por Trump a los señalados en su famoso discurso por Kennedy.


Rafael Herz
Vicepresidente de la ACP
rherz@acp.com.co

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