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Un plan de acción contra los efectos de “Iota”

El gobierno en todos sus niveles está preparado para asumir el reto y lo debe estar la comunidad entera.

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noviembre 17 de 2020
2020-11-17 03:50 p. m.
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La solidaridad nacional debe ser más poderosa que la fuerza del huracán Iota que destruyó el 98 por ciento de la infraestructura de Providencia y dejó sumido a nuestro entrañable archipiélago de San Andrés en la más grande calamidad pública de su historia.

Este momento crítico nos convoca a todos a acudir al rescate social de nuestra valiosa región de ultramar, cuyos habitantes han enfrentado también con estoicismo los efectos de la pandemia que estuvo a punto de destruir además las bases de su sustento económico.

El esfuerzo nacional, soportado sobre el trípode que conforman la solidaridad, el aliento y la esperanza, debe dirigirse también a los dos litorales y a departamentos como el Chocó -carente de las obras necesarias de mitigación- Santander, donde 30 municipios soporten los crudos efectos de las lluvias e inundaciones y Antioquia, donde los deslizamientos han interrumpido vías de comunicación neurálgicas.

El hecho inédito de que un ciclón se convierta en huracán grado cinco y arrase una parte de nuestro territorio, nos señala la perentoria necesidad de disponer de planes de acción con alcance preventivo. La reacción ha sido inmediata y efectiva, en la medida en que las circunstancias extremas lo permiten, y uno de sus ejemplos más destacables lo encarna la Armada Nacional con su despliegue en favor de la Isla.

Es un deber de patria unirnos al llamado que ha formulado el presidente Iván Duque Márquez desde el Puesto de Mando Unificado, en la sede de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo, cuando dijo que el reto que se nos plantea trasciende la respuesta institucional e implica de parte de todos los colombianos un gran esfuerzo como país unido y solidario.

Para lograr ese objetivo es preciso también contar con planes de atención y respuesta basados en acciones estratégicas de acción y prevención. Con el concurso de todos los gobernadores, reunidos este martes en una cumbre extraordinaria, la Federación Nacional de Departamentos ha estructurado una de recomendaciones para canalizar racionalmente los esfuerzos y las ayudas.

El acopio de alimentos, por ejemplo, debe centralizarse en la Cruz Roja y la Defensa Civil que están en capacidad de seleccionarlos según fechas de vencimiento, llevar un inventario y hacer un cierre diario. Las existencias pueden ser reportadas a la Federación Nacional de Departamentos para que, en equipo con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, definan las rutas de destino para no colapsar las rutas de ingreso a los departamentos.

Una de las consecuencias inmediatas de este tipo de desastres es el desabastecimiento de agua potable y el colapso de los recursos destinados al saneamiento básico. Comienzan a aparecer vectores que causan enfermedades infecciosas y virales. Por eso, garantizar agua es fundamental, a partir de redes que en estos casos suelen adecuar, con probada eficacia, los organismos de socorro.

La ayuda humanitaria debe enfocarse, en buena medida, en la distribución de ropas, especialmente zapatos, para proteger a quienes deban transitar en medio de escombros, especialmente a los niños. Conviene tener a mano medicamentos de uso normal en las familias y tener botiquines en cada zona de concentración.

Es importante disponer de plantas eléctricas que faciliten la iluminación por sectores y dotar de linternas solares a las familias expuestas al desamparo nocturno.

El empleo inmediato de maquinaria amarilla (retro excavadoras y volquetas) para la remoción de escombros deben concentrarse, inicialmente, en aquellos sectores que puedan ser habitados de nuevo.

Apoyar las empresas de servicios públicos para reestablecer el servicio no es una opción, sino una obligación. También lo es destinar ayudas humanitarias no alimentarias, frazadas, colchonetas, colchones, toldillos, kit de ollas, kit de platos, cubiertos y vasos).

Superada esa fase de atención inmediata, es recomendable también suministrar materiales de construcción a las familias; hacer “combos” de diferentes elementos básicos y acompañar con ingenieros y arquitectos que apoyen a las comunidades la empresa colectiva de la reconstrucción.

Como principio universal, la solidaridad debe prevalecer para con San Andrés y para con todas aquellas regiones que hoy sufren por causa de la inclemencia de fenómenos naturales que se han abatido este 2020 sobre varias regiones del mundo.

El gobierno en todos sus niveles está preparado para asumir el reto y lo debe estar la comunidad entera.

Didier Tavera
Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

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