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Una última vez

Con lo sucedido en Washington, Donald Trump no solo confirma que es un mal perdedor, sino de un peligro para su país y los valores occidentales. 

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enero 07 de 2021
2021-01-07 09:55 p. m.
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Lo ocurrido esta semana en Estados Unidos es triste. La cuna de la democracia occidental vio un grupo de criminales que invadieron el parlamento para evitar el proceso democrático de conteo de votos, como lo exige la Constitución de ese país.

Criminales que siguieron el llamado del aún presidente de caracterizar las elecciones en las que ganó su opositor como un “fraude”. Una mentira que ha sido rechazada en varias oportunidades por los tribunales donde Trump y sus allegados buscaron poner en duda el resultado, sin éxito.

Antes de lo que ocurrió en la capital de la Unión americana el miércoles de esta semana, dos eventos importantes caracterizaron la semana política en los EE. UU. Uno, la llamada del presidente americano en la que exigía a los oficiales del estado de Georgia, que “le encontraran” un poco más de 11,000 votos que el necesitaba para ganar las elecciones allí. Reiteraba que eso debería ser fácil porque le habían robado mucho más que eso. Le contestó el oficial republicano, que así como aparentemente el presidente tenía su información, ellos tenían otra. Y rechazó valientemente la petición del jefe de Estado.

En el mismo Georgia, el partido republicano perdió dos asientos para dar ahora la mayoría en el Senado a los demócratas. Sorpresivamente un predicador negro, en el estado de Martin Luther King, y un joven judío, ganaron contra los incumbentes. Muy seguramente resultado de la oposición de un estado tradicionalmente republicano a un presidente que estaba llamando a una actuación inaceptable. Reacción, muy seguramente, a las presiones indebidas del poder central.

Cuando el presidente Trump, después de haberlo incitado, llamó a sus seguidores de retirarse del Capitolio en paz, no pudo dejar de reiterar la mentira de que las elecciones se las robaron. Y peor aún, señaló que entendía los sentimientos de esa multitud, y hasta dijo que eran “especiales”.

Que un presidente defienda a criminales de esa manera, que siga mintiendo, y que permita que la democracia sea asaltada de esa manera, es algo que nos debe llamar a dos aspectos esenciales. A creer cuando radicales dicen lo que van a hacer, y evitar que esas personas lleguen al poder.

Difícil saber lo que pasará en los próximos días en la mayor potencia occidental. Pero todo parece indicar que las instituciones podrán prevalecer contra las mentiras, la indecencia, la falsedad de una persona que pasó a ser presidente por un proceso democrático, pero ha sido incapaz de reconocer que perdió en ese mismo proceso. Un presidente que se está oponiendo a la tradicional entrega pacífica del poder. Una característica básica de la democracia occidental.

Trump no solo permitió, sino llamó a lo que pasó en Washington esta semana. No solo se trata de un mal perdedor, sino de un peligro para su país y los valores occidentales.

La única esperanza es que esta sea la última vez en la que toque escribir sobre ese hombre. La última vez de escribir sobre él, es ojalá el comienzo de una nueva etapa que fortalezca los valores democráticos, y el respeto por la inclusión y los derechos humanos, en los Estados Unidos y en todos los países del mundo.

Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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