Deuda y ortodoxia fiscal

La Regla Fiscal se creó para cuidar la deuda, de tal manera que se limita el gasto para que la deuda no se desborde y sea sostenible.

Otros Columnista2
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septiembre 15 de 2019
2019-09-15 03:48 p.m.

En los últimos meses se ha propuesto el pago de deudas históricas de la Nación vía la emisión de TES o deuda pública local. Por regla general el Estado debe cumplir con sus obligaciones, pues al no hacerlo genera traumatismos en los servicios públicos o costos innecesarios para el erario.

Si el Estado pagara las obligaciones con el sector salud, el sistema vería, muy seguramente, una mejoraría en el servicio y la eficiencia impactando a un gran número de personas. Mientras que si se pagara los $5 billones de sentencias y conciliaciones, que están pagando tasas de mora que alcanzan el 28%, con fondos prevenientes de TES, que pagan el 6%, se generarían ahorros anuales superiores al billón de pesos. Estas son algunas de las propuestas de pago, pero hay otras como los subsidios eléctricos, que muestran las virtudes del pago. Es evidente que pagar estas obligaciones tiene todo el sentido financiero y social, por lo cual se debe hacer, el problema es el cómo.

La manera tradicional u ortodoxa en que se han hecho estos pagos, y en la cual hay un consenso internacional plasmado en los manuales fiscales del FMI, es mediante la contabilización de la erogación en las cuentas fiscales. Estas cuentas tienen una contabilidad de caja, esto es que todo lo que entra o sale del erario debe ser reflejado en ellas. Los ingresos tributarios, dividendos, pagos de nómina, infraestructura, sentencias y conciliaciones, pagos de subsidios eléctricos o de salud, todo debe ser llevado a las cuentas fiscales. Si esto se hace, el resultado final, que usualmente es un déficit, es el que determina las necesidades de caja y ahí es cuando entra la deuda. Las propuestas recientes pretenden saltarse la contabilidad fiscal y pagar ‘con deuda’ sin registrar los gastos.

La explicación es la Regla Fiscal, la cual se creó mediante una ley y limita el tamaño del déficit; esta ley, increíblemente, se creó para cuidar la deuda, de tal manera que se limita el gasto para que la deuda no se desborde y sea sostenible. Como hay un límite al déficit, pero se tienen obligaciones que se quieren pagar y gastos que no se quieren recortar o incluso que se quieren incrementar, se genera un incentivo perverso para cumplir la Regla Fiscal, dejando de registrar los gastos, y olvidarse de la sostenibilidad de la deuda.

Esto se puede traducir en un mayor riesgo país que ponga en peligro la calificación de la deuda, trayendo repercusiones sobre el aparato productivo, pues el costo de la deuda de la Nación aumentaría y este es un referente mínimo del financiamiento del sector privado; y si nos vale más financiarnos somos menos competitivos. Hacer esta ‘jugada’ contable es darse un tiro en un pie, pues no se hacen los ajustes en el gasto que permitan tener unas finanzas públicas sanas, se incrementa la deuda por encima del nivel de economías similares y, lo peor de todo, hay una pérdida de credibilidad en el manejo económico, la cual es la base para el crecimiento de una economía de mercados como la colombiana. La deuda no puede seguir creciendo como porcentaje del PIB o las consecuencias serán mayores a los beneficios de los pagos que se pretenden hacer con ella.

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