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Rafael Herz
columnista

La ley de infraestructura de EE. UU.

La ley de infraestructura podrá ser considera-da como exitosa, si y solo si la gente considera que mejoró su bienestar y nivel de vida.

Rafael Herz
POR:
Rafael Herz
noviembre 11 de 2021
2021-11-11 10:28 p. m.
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Con la aprobación de la ley de infraestructura la semana pasada, se cumplió una de las promesas de campaña y uno de los principales compromisos de Biden en su posesión. Los Estados Unidos vienen sufriendo de un problema estructural, en el que ha primado el gasto en consumo de corto plazo frente a las inversiones de largo plazo que sustentan la competitividad de la economía. Así, la potencia occidental quedo relegada en temas como la inteligencia artificial o la tecnología de 5G frente a China principalmente.

Por esa falta de planeamiento e inversión a largo plazo, hoy varios países ricos también tienen mejor servicio de internet, servicio celular menos costoso, mejores sistemas de tratamiento de aguas residuales, y servicios férreos de alta velocidad mucho más efectivos y eficientes. Todo esto redunda en una reducción de la calidad de vida de los ciudadanos americanos.

En ese sentido, la ley de infraestructura de un trillón de dólares (expresado en la semántica anglosajona) ha sido reclamada con dos propósitos principales: aportar de manera significativa a la reactivación económica, y cerrar la brecha de competitividad que se ha abierto con China y otros países en el siglo XX!. Sin embargo, los proyectos de infraestructura a los que hace alusión la ley, también deben incorporar los beneficios en el bienestar de los ciudadanos.

En los próximos cinco años el gobierno federal estará gastando el equivalente a 1% del PIB en modernizar el sistema de transporte vial y férreo, los sistemas de transporte y movilidad urbana, la actualización de proyectos de transmisión y generación eléctrica, y promoviendo el acceso a agua tratada y potable en todo el país. Es el gasto en infraestructura más alto desde el inicio de la década de los 80. La ley se propone hacer a la Unión Americana más competitiva, pero no debe olvidar el propósito de hacer a la sociedad más incluyente y resiliente frente a la sostenibilidad ambiental. Tres dudas permanecen en la discusión: (i) si las inversiones son lo suficientemente altas para suplir el rezago de más de tres décadas; (ii) cómo se asegurará la implementación de estas inversiones, que requerirá la formulación y estructuración de proyectos a nivel local y regional de alta calidad y que puedan ser complementados con recursos de inversión privada; y (iii) debe lograr que la gente se vea beneficiada para que el propósito económico también logre que la gente reconozca el rol del gobierno en la provisión de infraestructura de alto nivel.

En el anuncio de la ley, el presidente Biden señaló: “esto es para todos Ustedes que se han visto relegados en un mundo que cambia tan rápido, esta ley es para Ustedes”.
El éxito de esta ley dependerá de como la vean y cómo afecta la vida de los ciudadanos.

Una lección fue la ley de estímulo de Obama en el 2009, que logró aumentar el gasto, pero no logró ser apropiada por los electores.

La ley de infraestructura podrá ser considerada como exitosa, si y solo si la gente considera que mejoró su bienestar y nivel de vida. Ese debe ser el propósito final.

Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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