Rafael Herz
Columnista

Revolucionario y Dictador

El revolucionario de antes, no puede ni quiere aceptar que pudiera otra vez perder elecciones. Y se ha atrincherado en el poder.

Rafael Herz
POR:
Rafael Herz
julio 08 de 2021
2021-07-08 07:00 p. m.
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En noviembre de este año están anunciadas elecciones en Nicaragua. El actual Presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, actual Vicepresidenta, buscan la tercera reelección consecutiva. Sin embargo, el temor de perder el poder, ha llevado al régimen ha encarcelar a seis candidatos presidenciales de la oposición, y a redadas en las casas de decenas de representantes estudiantiles y campesinos.

Ortega fue co-fundador del Frente Sandinista que luchó para derrocar al sangriento dictador Somoza en 1979. Después de un inicio prometedor de la época post-Somoza, con programas de alfabetización y redistribución de tierras, el programa de subsidios y de falta de inclusión de inversión privada se vio en crisis, y la falta de crecimiento económico resulta en que Ortega pierda las elecciones en 1990 contra Violeta Barrios de Chamorro.

Estas elecciones marcan al líder revolucionario. Como tantas otras veces, quienes luchan en el monte o en las urbes para supuestamente fortalecer la democracia, no aceptan que ese sistema abierto y transparente les niegue o les quite el poder. No es sino hasta el 2006 cuando vuele a ganar las elecciones después de otras dos derrotas. El “nuevo” Ortega regresa aparentemente convertido y liderando hasta un proceso anti-aborto de la mano de su esposa y con acercamientos a la iglesia y hasta al sector privado.

Ortega y el régimen sandinista inicial entró en crisis por una política económica cortoplacista y basada en conceptos que llevaron al empobrecimiento de las clases populares. Cuando regresa al poder, el líder se convierte en un supuesto aliado del catolicismo y el empresariado, pero siempre irrespetando la institucionalidad sobre la que se basa el verdadero respeto a los derechos humanos y el crecimiento económico para reducir la pobreza.

Sin embargo, el revolucionario de antes, no puede ni quiere aceptar que pudiera otra vez perder elecciones. Y así, se ha atrincherado en el poder, y usando las despiadadas tácticas de Somoza, inició un redada sangrienta contra las protestas que se dieron en el 2018 en contra de reformas sociales, y más recientemente somete a sus opositores con falsas incriminaciones por medio de manipulaciones en los medios y en la justicia cooptada en el país. Más aún, igual que Somoza, el nuevo régimen de Ortega, ha distribuido riquezas e influencias a su familia y amigos.

No es el primer caso en que un anterior líder revolucionario, luchador contra la injusticia aparente, se convierte en dictador. Bajo el facilista y populista lema de la “lucha de clases”, estos líderes desmantelan las instituciones y eliminan la separación de los poderes, elemento esencial de la democracia. Su ego y su demagogia se convierten en más fuertes que los ideales por los que dicen luchar. Nicaragua nos enseña que ese respeto por los fundamentos de la democracia, y por los derechos humanos de mayoría y minoría a la par, no pueden ser sacrificados bajo el manto de la protección de intereses particulares de líderes, cuya versión populista y dictatorial, termina siendo más fuerte que la plataforma que supuestamente defienden.

Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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