Brújula / El costo de hablar duro

Que Rafael Correa es un mandatario nacionalista y particularmente sensible a cualquier intento de afectar la soberanía del Ecuador, es algo que se sabía desde hace rato.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
junio 28 de 2013
2013-06-28 04:13 a.m.

Aun así, fueron muchos los sorprendidos con la decisión tomada ayer, según la cual Quito “renuncia de manera unilateral e irrevocable” a las preferencias arancelarias andinas que le había otorgado Estados Unidos.

La determinación tuvo como origen el caso del extécnico de la CIA, Edward Snowden, reclamado por Washington bajo cargos de espionaje, y quien se halla en el aeropuerto de Moscú a la espera de una respuesta a la solicitud de asilo hecha al país vecino.

El asunto generó tensiones con el Gobierno ruso, pero nadie pensaba que el rompimiento llegaría hasta este continente.

Y aunque la carta de la autodeterminación puede caer bien entre sectores de la opinión, no todos concuerdan con lo hecho por el Palacio de Carondelet. El motivo es que los únicos que van a resultar golpeados por el pronunciamiento de Correa son los exportadores ecuatorianos de artículos como las flores, cuya competitividad se ve reducida.

El golpe no es despreciable en una economía pequeña que busca depender menos del petróleo y que no tiene tantos ases debajo de la manga.

Ante la baja en las cotizaciones de los hidrocarburos, la nación vecina requiere de un buen flujo de recursos externos con el fin de mantener vigente al dólar como moneda.

Semejante objetivo no es fácil de conseguir, cuando se tiene en cuenta que Ecuador tiene cerradas las puertas del crédito internacional por sus pasados incumplimientos.

La pelea con Estados Unidos tampoco servirá para impulsar la inversión extranjera o atraer capitales productivos.

Bien reza el dicho que ‘la dignidad nacional no tiene precio’. Pero los ecuatorianos van a darse cuenta pronto, que ciertas posturas, sí lo tienen.

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