Un censo inteligente para impulsar el agro

Se debe buscar que el censo del 2013 escanee integral y profundamente los sistemas de producción, comercialización y financiación que rigen el sector agropecuario del país.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
septiembre 30 de 2012
2012-09-30 08:50 p.m.

Es imposible contar con un marco normativo y de políticas altamente efectivo que oriente e impulse el desarrollo de un sector, si no se cuenta con la información suficiente, que indique la auténtica realidad de todos los actores y mecanismos productivos, comerciales y financieros en que participan.

La gran base de datos completa y sistémica que tiene el sector agropecuario colombiano se remonta a los resultados de un censo realizado hace 42 años, situación de obsolescencia que ha conducido a que las disposiciones estructurales y coyunturales surgidas en estas cuatro décadas, hayan tendido a inspirarse en realidades inferidas a partir de limitados acervos de información, que aisladamente se han construido desde los ámbitos académicos, gremiales y gubernamentales.

El censo agropecuario que se planea realizar en el 2013 es una magnífica oportunidad histórica para actualizar la radiografía del sector y dejar de depender de aproximaciones métricas, muchas veces basadas en supuestos e hipótesis, cuya validez se acepta solo por acto de fe.

Pero más allá de descubrir si el hato nacional es de 25 o 30 millones de cabezas; si hay 500 o 1.000 distritos de riego privados; si los pobres del campo son 5 u 8 millones, o si las hectáreas sembradas son 4,7 o 5,2 millones, se requiere darle un enfoque estratégico al Censo para hacer que sus resultados revelen las disfunciones e ineficiencias fundamentales que le restan competitividad al sector en términos productivos, comerciales y financieros.

Necesitamos que la base de datos resultante sintetice un conjunto de respuestas a preguntas perspicaces con la capacidad de revelar los determinantes específicos de las decisiones que se toman diariamente en cada pequeño eslabón de las cadenas.

Este registro permitiría una aproximación más exacta a las lógicas que definen el funcionamiento y la problemática del sector. De lograrse esto último, se tendría un valioso activo nacional que facilitaría el establecimiento de políticas y normas pertinentes y ajustadas a la realidad.

Esta es la ocasión para desembrollar la compleja e imperfecta maraña comercial agropecuaria del país que se traduce en la inexistencia de sistemas de formación de precios de equilibrio nacional, lo cual limita la toma de decisiones basadas en información real de los mercados.

El Censo podría aspirar a registrar, en blanco y negro, las estructuras y conexiones de las cadenas, y lo más importante es que se abre la posibilidad de identificar las motivaciones y restricciones que mueven las redes comerciales.

Este hallazgo representaría un aporte trascendental en la tarea de vislumbrar las soluciones de fondo necesarias para llegar a un sistema comercial que brinde la competitividad y prosperidad anheladas por el sector.

En esta misma dirección, debería ser abordado el tema de financiación dentro de las cadenas productivas, pues solo se sabe que dominan varias realidades como el subuso del crédito formal del sector agropecuario, pero las cifras y motivos exactos, más allá de la falta de acceso por credenciales y garantías reales, están por verificarse y medirse con exactitud.

La dinámica de financiamiento en Colombia suscita inquietudes como: ¿cuál será el verdadero déficit de crédito agropecuario del país?

¿La estructura y los productos ofrecidos por el sistema financiero sí están a la medida de dicha demanda? y de no estarlo, ¿cuál es el modelo ideal que está en la mente media de esos potenciales usuarios?

En otros términos, ¿qué tipo de elementos le darían a la oferta el suficiente atractivo como para corregir el elevado déficit de demanda que se presume?

En tal sentido, es muy probable descubrir caminos que brinden alternativas atractivas y alcanzables de financiamiento formal a miles de planes de negocio y proyectos productivos cuyo emprendimiento está condicionado a la consecución de recursos financieros. Igualmente, se podría descubrir la senda conducente a una fórmula que bancarice a los usuarios del crédito informal y costoso, canalizado actualmente en la industria de agroinsumos.

También es crucial que este inteligente inventario deje implantadas metodologías estadísticas que propendan por no dejar desactualizar la información relevante del censo antes de que se cumpla su vida útil, que, según las prácticas promedio del mundo desarrollado, ocurre cada media década.

En síntesis, se debe buscar que el censo del 2013 escanee integral y profundamente los sistemas de producción, comercialización y financiación que rigen el sector agropecuario del país, orientándose, no solo a ubicar y medir la magnitud de sus respectivos problemas, sino también, a evidenciar posibles rutas de solución a partir del sentir y pensar de todos los miembros de este importante sector.

Iván Darío Arroyave Agudelo

Presidente Bolsa Mercantil de Colombia

 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado