El consumo de tabaco, ¿aporte o costo social?

Bajar los precios pareciera ser más una estrategia de mercadeo que de lucha anticontrabando.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
septiembre 29 de 2012
2012-09-29 07:56 p.m.

El anuncio de Protabaco de reducir los precios del cigarrillo más que una medida de protección contra el contrabando y un aporte concreto al programa Antioquia legal (El Tiempo, 7 de septiembre de 2012), parece ser la vieja estrategia de marketing de tabaco de las tabacaleras, denunciada por el profesor Chaloupka et all en 2002.

Los argumentos no pueden ser menos que artificiosos.

En primer lugar, sería interesante conocer las fuentes de estimación de las cifras de contrabando que soportan las declaraciones del presidente de Fenalco difundidas por los medios: “La millonaria ruta del cigarrillo de contrabando”, “La ‘zona roja’ del contrabando de cigarrillos”, “El contrabando de cigarrillos le cuesta a Colombia cerca de $108.000 millones”.

Sostiene Humberto Mora Álvarez, director de Asuntos Corporativos de Philip Morris-Coltabaco, en nota publicada en el El Colombiano “que aún con cifras estimadas, las pérdidas son millonarias para muchos sectores, que incluyen a la industria tabacalera, a los más de 24.000 empleos directos que genera el cultivo de tabaco, a las finanzas departamentales que dejan de recibir más de 100.000 millones de pesos anuales por concepto de recaudo de impuestos, con lo cual se afecta directamente el sistema de salud que es su mayor destinatario”.

Correspondería a los medios de comunicación promover la evaluación de la información evitando convertirse en parte de la publicidad de las tabacaleras.

Frente a las declaraciones de Mora Álvarez, debe ser anotado que, de acuerdo con el Dane, mientras el empleo agrícola nacional apenas crece al 2,4 por ciento anual, el del tabaco en el sector ha perdido amplia participación.

Que el empleo industrial en tabaco cayó a una tasa de 4,2 por ciento anual desde el año 1973 a 2008, último año de información, y como el número de establecimientos descendió a una tasa del 6 por ciento anual en el mismo periodo.

Existe una fuerte evidencia de cambios en la organización industrial hacia el duopolio, y con ellos la sustitución de empleo por capital.

Es decir, la trasformación de la industria ha reducido el empleo.

Esta realidad no podría argumentarse, se deriva del incremento del comercio ilícito de un producto reconocido como altamente lesivo para la salud.

Frente a la posición de Fenalco y las tabacaleras, hay que señalar que el tratamiento del primer año de las tres principales enfermedades asociadas al consumo de tabaco, como cáncer de pulmón, infarto agudo al miocardio y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, le cuestan al sistema nacional de salud cerca de 3 billones de pesos, que comparados con los 400 mil millones recaudados por impuestos al tabaco, y aún las supuestas pérdidas del sistema de salud por 100 mil millones, desequilibran la ecuación del costo frente al beneficio, lo que representa una verdadera calamidad para la inversión social.

Los medios de comunicación deberían buscar en Internet información ampliamente difundida como los indicadores básicos de precios que permitiría contrapreguntar a los defensores del bienestar social.

De acuerdo con las cifras de precios del Marlboro (véase http://www.cigaretteprices.net/), en Colombia se tiene uno de los menores precios por cajetilla de cigarrillos de Suramérica.

Panamá, 3,3 dólares; Venezuela, 4,5 dólares; Ecuador, 3,2 dólares; Perú, 2,3 dólares, y Brasil 2,6 dólares, tienen un precio superior. Es decir, Colombia sería origen y no destino de contrabando de cigarrillos, se necesitaría un precio superior para compensar los costos implícitos del contrabando y que este se desbordara como lo señalan Fenalco y las tabacaleras.

Finalmente, las decisiones del Gobierno, Ministerio de Salud y de la Protección Social, son consistentes con, primero, la abrumadora evidencia internacional frente al desastre social que implica el consumo de tabaco y, segundo, la lucha mundial frente al control de su consumo.

Al menos un alto precio protege la población de bajos ingresos: los jóvenes y los pobres. Unas preguntas finales

¿Por qué los otros gremios no bajan sus precios para combatir el contrabando? ¿Se justifica semejante costo social para proteger un duopolio?

Reducción de precios no logra beneficios esperados

Si la preocupación es social, ¿por qué bajar los precios y no unirse a la estrategia regional de lucha contra el contrabando?

Acompañar las acciones del Acuerdo Marco, identificar cada cajetilla y máquina de producción, registrar todos los puntos de fabricación y venta, licenciar los sitios de expendio, incluir la extradición y la enajenación de bienes, el seguimiento y control de producto en tránsito serían una expresión honesta de esta preocupación.

La reducción de precios no cambia la conducta de los vendedores y no logra beneficios en inversión social por cuanto el costo en el sistema de salud se incrementa con el incremento en el consumo. La medida de Protabaco es congruente con las continuas referencias sobre el aumento de contrabando de Fenalco.

Alex Smith Araque S.

Especial para Portafolio*

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado