Diagnóstico bueno, pero incompleto

En ningún país del mundo hombres y mujeres tienen igual tasa de participación.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
enero 31 de 2012
2012-01-31 03:35 a.m.

Ha sido una grata sorpresa que el Banco Mundial dedique su último informe anual al tema de ‘Equidad de género y desarrollo’.

No obstante el descalabro que los organismos multilaterales han sufrido por el estruendoso fracaso de sus fórmulas de crecimiento, más mercado poco Estado, la verdad es que siguen marcando algunas pautas en el debate económico mundial.

Que esta entidad se interese en un tema que sólo lo ha visto como una realidad marginal al debate económico, demuestra que ya el problema es obvio. Más aún, a finales de noviembre, The Economist presentó un interesantísimo conjunto de artículos sobre el mismo tema titulado, Gender Gap. Este concepto de la ‘Brecha de género’ aparece también en artículos de importantes académicos norteamericanos como el de la profesora Graciela Chichilnisky, de la Universidad de Columbia.

El Banco se plantea la pregunta correcta: ¿por qué, después de tantos avances de las mujeres en el mundo, no logran insertarse adecuadamente en la vida productiva? ¿Por qué han conseguido reducir algunas brechas, pero les quedan tantas pendientes?

De alguna manera es la misma que se propone The Economist.

Afirma el Banco: “las mujeres representan el 40 por ciento de la fuerza agrícola mundial y más de la mitad de los estudiantes del mundo”. Agrega que, se han cerrado algunas brechas especialmente en años de vida, en todo el mundo las mujeres viven más años que los hombres; en educación primaria, hombres y mujeres asisten por igual en casi todos los países, y se ha incrementado significativamente su participación en el mercado laboral y reducido dramáticamente sus tasas de fecundidad. –Agrego, a pesar de los hombres y de la religión–.

Continúa el Banco: “Cerca de medio billón de mujeres han entrado a la fuerza laboral en los últimos 30 años, en la medida en que las tasas de participación en el trabajo remunerado se ha incrementado en la mayoría del mundo en desarrollo”.

Pero como excelentes periodistas, The Economist lo plantea mejor.

En el cuadro se observa que en ningún país del mundo hombres y mujeres tienen igual tasa de participación, y con excepción de China, que tiene la mayor proporción de hombres y mujeres en la fuerza laboral –trabajando o buscando activamente empleo– son los países nórdicos, Suecia y Finlandia los que presentan las menores diferencias entre hombres y mujeres. Brasil, el único latinoamericano considerado, representa la situación promedio de América Latina, 50%, la tasa de las mujeres y 70%, los hombres, 20 puntos porcentuales de diferencia.

En la base está India: los hombres con mayor participación laboral del mundo, levemente superior a China, pero las mujeres con la más baja, 20%. Agrega la revista, que sólo el 3% de las mujeres están entre los 500 CEO del mundo.

Grandes brechas se mantienen también en los países ricos, especialmente en el trabajo remunerado. Además, las mujeres pobres se mueren más jóvenes que las ricas y las niñas enfrentan muchas dificultades, sobre todo, en el sudeste asiático y en partes de África.

Lo interesante son los mitos que liquidan: el desarrollo no acaba con las desigualdades entre hombres y mujeres, como se decía.

El mismo Banco debió sorprenderse. En ningún país del mundo hay completa equidad de género y esto es una buena noticia para aquellos que hemos luchado contra el mito señalado. Otros mitos se desmoronan por las afirmaciones que hace el Banco: “la igualdad de género está en el corazón del desarrollo; es el objetivo correcto del desarrollo y es la política económica inteligente”. Y, “se debe integrar el foco de equidad de género en la política de desarrollo”.

Los Ministros de Hacienda y los economistas están convencidos de que las políticas macroeconómicas son neutras en términos de género, pregúntenle a Echeverry.

Se olvidan tanto el Banco como The Economist que existe la economía del cuidado, que realizan mayoritariamente las mujeres en el mundo, dentro del hogar y en la comunidad, sin remuneración ni reconocimiento. México ya la midió y equivale a un 20,7% del PIB.

Y este es el punto neurálgico para explicar el por qué existe la brecha de género. Primero, las mujeres tienen una carga de trabajo, remunerado y no, mucho mayor que la de los hombres en todo el mundo, pero no tienen autonomía económica que sólo se logra con los ingresos del trabajo remunerado, no con limosnas. No son vagas, son pobres de tiempo.

Tienen sobre sus hombros el cuidado de su familia, sustituyendo muchas veces al Estado, sin remuneración y sin que se le reconozca, ni los hombres, ni los empresarios, ni el Estado. Mientras no se valore, se visibilice y se distribuya el cuidado entre el Estado, el mercado y los hombres, las mujeres no serán actoras del crecimiento.

Al ignorar este tema sus recomendaciones son más de lo mismo que durante 50 años produjeron profundas frustración, más educación, más salud, pero ignoran que trasladar la economía del cuidado al Main Stream Economic se crea un nuevo modelo de desarrollo con equidad de género que genera empleo y libera mano de obra femenina.

Colombia, que sacó la Ley 1413 del 2011, primera en América Latina, no ha logrado que el Presidente ni su Consejera entiendan su dimensión, pero el Director del Dane sí lo ha comprendido.

Cecilia López Montaño

Exministra de Agricultura y exsenadora.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado