El gas licuado del petróleo-GLP

Al consumidor final no le debe importar si a su casa le llega el gas natural o el GLP, sino aquel energético que solucione las necesidades de su hogar, que básicamente son cocción de alimentos, que sea más económico y que se preste con una óptima atención comercial y técnica.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
noviembre 06 de 2012
2012-11-06 11:06 p.m.

Dentro de los propósitos del Gobierno Nacional está el de suministrar servicios públicos a precios asequibles a las personas menos pudientes.

De ahí que el servicio de acueducto, alcantarillado, electricidad, aseo y gas natural tengan un régimen legal en el que los estratos altos pagan como parte de la tarifa una contribución adicional a su consumo, que es luego aplicada en subsidios a las tarifas de los estratos bajos, para así reducir su costo.

En los casos en que existen faltantes de recursos, en los sectores eléctrico y de gas, estos se apropian en el Presupuesto General de la Nación.

Es a través de este esquema que el Estado interviene para abaratar el costo de los consumos básicos de los hogares más pobres de Colombia.

Para el 2013 quedó en el Presupuesto General de la Nación una partida de cincuenta mil millones de pesos para subsidiar el costo del gas propano - GLP.

La gran mayoría de este energético se comercializa en cilindros que son vendidos en camiones de distribución, que circulan por las vías públicas.

Este esquema dificulta saber a quién se le va a asignar el subsidio.

A diferencia de los otros servicios públicos que están atados a un hogar estratificado, en este caso, le es imposible al vendedor saber si el comprador de GLP, por su nivel de ingresos, tendría o no acceso al subsidio.

De conformidad con la ley de servicios públicos, le corresponde a la Comisión de Regulación de Energía y Gas - CREG preparar una metodología que regule la aplicación del subsidio al gas propano, evitando que algunos se apropien de los subsidios que no les corresponden, y, paralelamente, obligando a aquellos que por su mayor nivel de ingreso paguen dentro de su tarifa contribuciones que viabilicen el esquema.

Apoyar a los hogares de menores ingresos es importante y puede generar beneficios si se logra estructurar de manera que se identifique a los usuarios que realmente necesitan un subsidio para pagar la factura por consumo y que al hacerlo no se generan distorsiones en la prestación de otros servicios, como el gas natural, que conviene mencionarlo, aporta beneficios sociales comprobables y crecientes, si se mantiene una sana competencia energética en los mercados.

En materia de subsidios, el objetivo no es solo gastar unos recursos públicos.

Se requiere estructurar mecanismos que generen equidad.

A diferencia del gas natural que se presta por redes y se mide mediante lectores que cuantifican los consumos de producto e identifican la ubicación de la vivienda por estratos, el servicio de GLP no tiene esta posibilidad.

La protección de los recursos públicos y la garantía de que estos sean utilizados en las personas que realmente los requieren, obligan a las autoridades a ser muy cuidadosas en el diseño del mecanismo que se utilizará para aplicarlos.

Otro aspecto que se debe considerar por parte de la CREG es la eficiencia del mecanismo para generar una solución energética para los usuarios de estratos bajos.

El objetivo debe ser seleccionar la mejor vía, aquella que con menos recursos cubra más usuarios en aquellos lugares donde tanto el GLP como el gas natural pueden atender usuarios.

Al consumidor final no le debe importar si a su casa le llega gas natural o GLP, sino aquel energético que para las necesidades que requiere, que básicamente es cocción de alimentos, sea más económico y que se preste con una óptima atención comercial y técnica.

En este escenario conviene analizar dos aspectos.

El primero, sí tiene más sentido y menor costo apoyar con subsidios de conexión a los hogares urbanos de los estratos populares, para que estos se puedan conectar a las redes de gas natural, que en muchos casos ya pasan en frente de sus hogares, y dejar que el GLP atienda los mercados rurales, donde la utilización de este energético evita la tala de árboles y contribuye a la conservación ambiental.

Y segundo, mencionar que un metro cúbico de gas natural tiene un menor costo que uno de GLP (porque el GLP es un derivado del petróleo y requiere un proceso de refinación, mientras que el gas natural es un energético en sí mismo), lo que permite al usuario un beneficio mayor en el tiempo.

Esta dinámica ha sido la tendencia mundial: el gas natural distribuido por red física llega a las áreas urbanas y el gas propano en cilindros, a las zonas alejadas.

Los anteriores argumentos no buscan que se protejan los intereses de la industria del gas natural, sino que, mediante la creación de reglas claras de competencia y con una sana adjudicación de recursos, el usuario de estratos uno, dos o tres pueda tener una solución energética adecuada.

Eduardo Pizano   

Presidente de Naturgas 

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