El incierto 2009

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 30 de 2008
2008-08-30 02:45 a.m.

Está sobre el tapete la discusión acerca del desempeño presente y futuro de la economía colombiana. Sobre el resultado final para el año completo hay toda suerte de hipótesis y proyecciones, dependiendo en buena medida del prisma político con que se quiera mirar la información disponible. El rango de las proyecciones oscila entre un lánguido 3 por ciento de crecimiento hasta un relativamente aceptable resultado final del 5 por ciento.

Es evidente que la meta más optimista está en boca de los voceros del gobierno, motivados seguramente por el ánimo de infundir optimismo y confianza, sin llegar a extremos de distorsionar la realidad.

En lo que sí hay consenso absoluto es que la economía colombiana se encuentra en una fase de desaceleración frente al ritmo de crecimiento alcanzado en los años de 2006 y 2007 (6,8 y 7,52 por ciento respectivamente). Unos pocos -excesivamente pesimistas- vaticinan no solo una desaceleración, sino, incluso, una variación negativa, como ocurrió en el fatídico año de 1999.

Por sus características propias y sobre todo por sus efectos inmediatos, no se puede confundir una desaceleración con una eventual recesión.

De todas formas a los colombianos nos queda un sabor agridulce al tener que reconocer que mientras muchos de nuestros vecinos - aún aquellos que padecieron en el pasado crisis más fuertes como Argentina y Venezuela- gozaron o siguen gozando de una duradera bonanza, a nosotros se nos concedió participar de la fiesta solo por espacio de dos años. Para colmo de males, la fiesta, además de breve y pasajera, nos causó miedo y preocupación en función de los daños colaterales que de la misma bonanza pudiesen desprenderse. Basta con echar una mirada a las duras y polémicas decisiones tomadas por el Banco Central en materia de política monetaria.

En este contexto de buenas noticias pero con sabor amargo, surge el gran interrogante en torno a lo que en el frente de la economía nos pueda deparar el 2009. ¿La actual desaceleración es solamente un respiro, como si el aparato productivo estuviese dando un paso atrás para tomar un impulso renovado, o estamos a las puertas de un camino con pendiente negativa que nos llevará a registrar caídas o variaciones negativas en el PIB?

Dentro de los elementos que podrían explicar un escenario bastante pesimista está el hecho incuestionable de que la inversión del sector empresarial -principal motor del crecimiento reciente- ya cumplió su función en los dos años de bonanza reseñados y en el futuro inmediato no se requerirían grandes inversiones para atender el menguado crecimiento de los mercados.

A esta conclusión negativa se llega si uno hace eco a los llamados de atención que de un tiempo para acá viene promulgando el gremio de los comerciantes, los cuales denuncian caídas importantes en las ventas al detal en los más variados frentes de la actividad económica.

Si el comercio no logra colocar ágil y velozmente los productos en los mercados, es lógico pensar que disminuirán los pedidos a las empresas fabricantes de esos productos y si esto ocurre, las empresas disminuirán su nivel de producción y sus dueños dejarán de pensar en nuevos proyectos de inversión. El nefasto efecto de este círculo vicioso sobre la generación de empleo ha sido advertido de manera dramática por el jefe de Estado.

Sin embargo, hay algo muy positivo en el panorama para el 2009 y años subsiguientes. La supuesta recesión norteamericana finalmente no se va a dar, o si se llega a dar, va a serlo en proporciones menores a las inicialmente vaticinadas. Esto aunado a la clarificación del proceso electoral -así el candidato vencedor no sea el de tez más clara- debería permitir el relanzamiento de nuestra economía, cada vez más dependiente de lo que ocurra al interior del coloso del norte.

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