La macrocefalia de Bogotá y el centralismo

Si el Estado quiere que haya desarrollo equitativo y “la mermelada se reparta en toda la tostada” debe propender por no concentrar el desarrollo y la competitividad en el Puente de Oro, como hemos denominado a Bogotá y Medellín.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 13 de 2012
2012-05-13 10:54 p.m.

¿Por qué hoy en día, con el avance en la infraestructura de comunicaciones, seguimos concentrando todo en Bogotá? Y de entrada una pregunta al mandatario Santos, quien inauguró la era de las cumbres virtuales presidenciales a través de la telepresencia proveída por Cisco: Si cree tanto en el uso de las TIC y en el mejoramiento de la seguridad, ¿por qué no contribuir con la descentralización?

Ya hay claridad suficiente del inexorable proceso de urbanización que están viviendo el mundo entero.

Hay algunos que calculan que hacia 2050 no menos del 90% de la población mundial vivirá en centros urbanos altamente densificados.

Varios artículos nos llevaron a escribir, nuevamente, acerca de este tópico, en el cual incursionó Mauricio Cabrera Galvis con dos artículos en Portafolio, en los que olvidó mencionar que el primero, hasta donde sabemos, en hablar del desbordado crecimiento de Bogotá fue el maestro Eduardo Aldana Valdez, a comienzos de los 90, preocupado porque la capital y sus municipios satélites estaban, y están acabando con la sabana de Bogotá.

Si el Estado quiere que haya desarrollo equitativo y “la mermelada se reparta en toda la tostada” debe propender por no concentrar el desarrollo y la competitividad en el Puente de Oro, como hemos denominado a Bogotá y Medellín.

Como lo dice Cabrera Galvis y lo sostuvo el director de Portafolio, el capital y sus dueños van a donde sientan seguridad y confianza para operar, y eso es lo que encuentran en Bogotá en primera instancia. Sí, eso es una verdad de Perogrullo.

No obstante, hoy en día, en la era de las cumbres presidenciales virtuales, no tiene sentido que sigamos concentrando en la capital del país la sede principal de empresas que realizan muchas de sus operaciones de oficina por Internet y cuya principal frente de trabajo queda en el centro del Cesar, a 800 kilómetros, y no en Valledupar, a menos de cien.

Nos referimos a Drummond. Dicha empresa tiene la más grande operación de carbón a cielo abierto del mundo. ¿Por qué no traslada su sede principal a Valledupar y da ejemplo? ¿Acaso la sede principal de Drummond en Estados Unidos no queda en Birmingham, una ciudad intermedia de Alabama?

El país no debe esperar a que el desarrollo del TLC con Estados Unidos, nuestro mayor mercado, y los otros tratados de libre comercio, muevan, por inercia, los centros de desarrollo hacia las ciudades portuarias; algo que ya se viene dando con la relocalización de varias factorías del interior hacia Barranquilla, capital del Atlántico.

El Estado debe propender, muy rápido, por mejorar la infraestructura vial y de comunicaciones para que sea atractivo vivir en ciudades intermedias.

Y debe propiciar el desarrollo de una red de parques tecnológicos en dichas urbes que presten servicios de BPO&O a empresas de Estados Unidos, y así veremos cómo disminuye la desigualdad e inequidad al llegar el desarrollo y el empleo a “toda la tostada”.

Las ciudades macrocefálicas tienen problemas de movilidad, cobertura de servicios públicos en la periferia, inseguridad, vivienda, ambientales, etcétera.

Muchos dirán que en Bogotá están los grandes centros de poder y de toma de decisiones, pero el presidente de Drummond Colombia puede, perfectamente, trasladarse en jet privado a atender los compromisos que ello demande.

Valledupar tiene un excelente colegio bilingüe, una buena oferta de servicios públicos y un comercio dinámico con un buen centro comercial en funcionamiento y otro en construcción.

Pero si se trata de la iniciativa del Estado, creemos que vale la pena mencionar que no se entiende por qué, hoy en día, sigue estando la sede principal de la Armada Nacional en Bogotá y no en Cartagena, por qué la sede de Artesanías de Colombia no está en Ráquira o San Jacinto. Hace algunos años la sede del extinto Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura quedaba en Bogotá.

Ahora es una dependencia del Incoder y sigue estando 2.600 metros más cerca de las estrellas. ¿Por qué dicha sede no queda en Buenaventura o Tumaco?

Podríamos seguir enumerando empresas públicas o privadas que por su razón de ser y objeto principal, tienen su centro de acción bien distante de Bogotá.

No se justifica que en la sociedad de la información disloquen la premisa que nos dice que la conectividad que nos ofrece la red nos permite trabajar desde cualquier lugar del mundo.

El Gobierno Nacional debe, como en muchos otros casos, no solo dar ejemplo, sino, también, buscar medidas que estimulen esa relocalización de sedes principales de empresas públicas y privadas, con todo lo que tendría de benéfico para el crecimiento de las regiones y el desahogo de Bogotá.

También recordar que es muy bueno vivir 2.600 metros más cerca de las estrellas pero que el resto de Colombia también quiere ver un cielo azul y despejado que les permita ver el futuro con alegría.

Nicola Stornelli García 

Gestor del Puerto Digital y de Cesar Digital

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