Más reconciliación y menos conflicto

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 30 de 2008
2008-08-30 02:44 a.m.

La semana pasada en el Foro de Expogestión el Presidente planteó como un logro que: "en el país hay mas confrontación en el nivel del liderazgo político que en el nivel de la base popular". Eso tiene un valor, pues de otra forma podríamos estar al borde de una situación explosiva, pero no parece que sea motivo para enorgullecerse. Los grandes conflictos no los generan las bases.

Siempre son el resultado de las posiciones de los líderes que tienen la capacidad de llevar a los pueblos por caminos insospechados. Leía por estos días un libro sobre la Guerra Civil Española y se aterra uno del grado de barbarie al que llego un país al que sus líderes llevaron al conflicto que hoy, ochenta años después, todavía genera tanto dolor a España.

No aclaró si en el liderazgo político incluye el Presidente los conflictos con las otras ramas del poder, pero lo cierto es que en este frente las cosas están pasando "de castaño a oscuro".

¿Cómo serán las cosas para que el mismo Vicepresidente haya decidido llamar públicamente a la cordura a su jefe? Es muy importante que el Presidente no pierda el rumbo y entienda que ya se ha ganado un lugar en la historia por muchas de las transformaciones logradas, pero corre el riesgo de echar por la borda mucho de estos logros por cuenta de esas actitudes de confrontación que poco resuelven y mucho daño hacen.

Durante los difíciles momentos que Colombia ha vivido en las últimas décadas nos salvó la fortaleza de nuestras instituciones, pues a pesar de la infinidad de problemas se mantuvieron como ancla de una sociedad que se encontraba al borde de un colapso.
Hoy cuando se ha recuperado la confianza, cuando el mundo nos mira con respeto, cuando tenemos posibilidades de lograr grandes avances tanto en lo económico como en lo social necesitamos más que nunca una institucionalidad fuerte.

Necesitamos el sistema de contrapesos que ha dado solidez al país y que, en buena hora, se fortaleció en la Constitución del 91. Necesitamos una Presidencia fuerte, pero también una rama de la justicia verdaderamente imparcial y que pueda ser respetada y respetable.

Las posiciones de los jueces en muchos casos han sido poco claras y ojalá viéramos a esa rama del poder haciendo un examen de conciencia acerca de lo que ha venido ocurriendo para que recupere la credibilidad que el país demanda.

El liderazgo del presidente, su popularidad y su protagonismo mediático hace más necesario que nunca que sea él quien asuma el liderazgo de defender y fortalecer las instituciones poniendo siempre por encima de sus consideraciones personales aquellas de la investidura y el mandato que recibió del pueblo. Ese mandato tuvo como prioridad recuperar la paz y la seguridad.

Es cierto que se ha avanzado mucho en materia de seguridad y ahora viene una de las etapas más difíciles que es la de la reconciliación y el post conflicto. En ese escenario lo que se necesita es precisamente un liderazgo de reconciliación y no uno que exacerbe los conflictos.

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