Ricardo Ávila
brújula

A subir la guardia

Y aunque Colombia contamina relativamente poco, los análisis muestran que estamos en una región particularmente vulnerable.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 27 de 2018
2018-11-27 09:37 p.m.
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Justo cuando los indicadores señalan que es casi seguro el retorno de un nuevo fenómeno de ‘El Niño’ en Colombia a comienzos del 2019, las perspectivas en materia climática se vuelven más preocupantes para el país. Así se desprende del más reciente reporte de las Naciones Unidas con respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, cuyo control fue el plato fuerte del Acuerdo de París sobre calentamiento global suscrito hace tres años.

De acuerdo con el informe, los datos muestran que el dióxido de carbono liberado en el 2017 aumentó, en vez de caer. Debido a ello, es cada vez más improbable que el objetivo de contener el alza en las temperaturas mundiales a menos de 1,5 grados centígrados se logre. Peor todavía, los modelos de predicción utilizados muestran que, de seguir así, para el 2100 el termómetro en el planeta se elevaría en tres grados centígrados en promedio.

El problema se concentra en aquellas naciones que son grandes emisores. Según la ONU, en ese grupo están la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Corea del Sur y Argentina, entre otros. En contraste, India, Rusia y China irían bien encaminados, mientras no es claro si Indonesia y México hacen la tarea.

Sea como sea, el mensaje de alarma confirma que la humanidad falla, si desea evitar trastornos que traerían grandes afectaciones en las más diversas latitudes. El aumento en el nivel del mar o la desaparición de los glaciares que son una fuente de agua imposible de sustituir, se constituyen en un factor de riesgo adicional en las zonas costeras o en las grandes metrópolis.

Y aunque Colombia contamina relativamente poco, gracias a que buena parte de su energía se genera sin usar combustibles fósiles, los análisis muestran que estamos en una región particularmente vulnerable. Todo apunta a que los eventos climáticos se volverán más extremos, lo cual quiere decir que las temporadas de lluvia o de sequía aumentarán en intensidad. Eso nos obliga a subir la guardia, para minimizar amenazas que son reales.

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