Ricardo Ávila
brújula

El salto de la liebre

Nadie se atrevió a prever lo que sucedió ayer cuando los mercados internacionales retornaron a mostrar cifras en rojo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 06 de 2018
2018-12-06 09:12 p.m.
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Nadie, ni siquiera el más avezado inversionista, se atrevió a prever lo que sucedió ayer cuando los mercados internacionales retornaron a mostrar cifras en rojo, en reacción a un episodio que se sale de la órbita económica o financiera. El motivo del tropezón –que afectó a las acciones y al propio dólar– fue la detención en Canadá de Meng Wanzhou, vicepresidenta e hija del fundador de Huawei, la conocida firma china de tecnología.

El sorpresivo arresto respondió a una solicitud expresa de Estados Unidos, que acusa a la empresa en cuestión de haber violado los términos de las sanciones impuestas por Washington en contra de Irán. Supuestamente, se habrían hecho exportaciones de productos manufacturados en territorio norteamericano hacia la nación islámica.

Sin embargo, más allá de los méritos del caso, lo que realmente causó conmoción es que la orden de captura lleva la disputa estadounidense con Pekín a otro nivel, pues una cosa es una controversia comercial y otra mandar ejecutivos a la cárcel. Para colmo de males, se supo que esta se hizo efectiva el mismo día en que Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en Buenos Aires con el fin de limar asperezas, durante la Cumbre del G-20.

Todo lo anterior hace pensar que en lugar de una distensión, lo que viene es un endurecimiento de parte de China. Los fuertes términos del comunicado emitido por la embajada de esa nación en Ottawa, muestran que, a menos que la ejecutiva sea liberada, el gigante asiático podría escalar el conflicto.

Semejante perspectiva incrementa el nerviosismo con respecto a la salud de la economía mundial, pues todo apunta a que la tregua firmada durante el pasado fin de semana duró poco. Ayer la rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años de plazo volvieron a subir de precio, pues se han convertido en una especie de refugio contra la incertidumbre. Otra vez se comprueba la validez de aquel refrán según el cual ‘cuando menos se espera, salta la liebre’.

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